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Starmer, acorralado por el escándalo de la verificación de seguridad de su exembajador en Washington

La dimisión del alto funcionario del Foreign Office tras revelarse que Peter Mandelson no superó el control de seguridad para el cargo y que Downing Street lo sabía desencadena una crisis política en Londres.

Ley y Regulación15 medios6 idiomas3 min de lecturaActualizado 08:39

El primer ministro británico, Keir Starmer, se encuentra al borde del precipicio político después de que The Guardian revelara que Lord Peter Mandelson fue nombrado embajador en Estados Unidos en enero de 2025 a pesar de no haber superado la verificación de seguridad obligatoria, un veto que el Foreign Office ignoró deliberadamente. La dimisión fulminante de Sir Olly Robbins, el funcionario de mayor rango del ministerio, no ha calmado las aguas: la oposición en bloque exige la renuncia de Starmer, acusándolo de haber mentido al Parlamento sobre el proceso de designación y de poner en riesgo la seguridad nacional.

El caso, que arrastra el nombre de Mandelson al del fallecido delincuente sexual Jeffrey Epstein, ha cobrado dimensión europea. Desde Roma y París, la prensa subraya la erosión de la credibilidad de Londres en un momento delicado para la relación transatlántica. Analistas en Bruselas señalan que el escándalo debilita la posición negociadora del Reino Unido frente a la nueva administración estadounidense, justo cuando necesita reforzar sus lazos comerciales tras el Brexit. En Madrid y Buenos Aires, el episodio evoca otros escándalos de puertas giratorias y opacidad que han sacudido a gobiernos progresistas, alimentando el cinismo ciudadano hacia la clase política.

La revelación más explosiva la aportó The Independent: Downing Street supo desde septiembre de 2024 que Mandelson había fracasado en la investigación de seguridad, principalmente por sus negocios con China y sus vínculos con Epstein. Starmer insiste en que no fue informado hasta esta misma semana, pero la oposición conservadora y liberal-demócrata tilda su versión de inverosímil. Kemi Badenoch, líder tory, lo acusa de violar el código ministerial y ha forzado una comparecencia parlamentaria para el próximo lunes, en la que el primer ministro promete “exponer los hechos”.

La crisis se agrava por el perfil de Mandelson, figura clave del Nuevo Laborismo, que ya fue cesado en septiembre al destaparse su amistad con Epstein. Ahora se sabe que el comité de seguridad interna desaconsejó el nombramiento, pero los responsables del Foreign Office —con Robbins a la cabeza— optaron por no trasladar la advertencia. Este cúmulo de omisiones ha llevado a expertos en seguridad a advertir que el sistema británico de escrutinio profundo, que cuesta más de 80.000 libras por persona e incluye interrogatorios sobre vida sexual, consumo de drogas y contactos, quedó devaluado. Que Mandelson no lo superara apunta a riesgos graves para el manejo de información clasificada.

El futuro inmediato de Starmer depende de su capacidad para demostrar que no hubo encubrimiento. Si fracasa, podría convertirse en el primer ministro laborista más breve desde la Segunda Guerra Mundial. Washington observa con preocupación la inestabilidad de su principal aliado europeo, mientras Pekín y Moscú capitalizan el desorden para erosionar la confianza en las instituciones occidentales. La comparecencia del lunes se anticipa como un juicio político en toda regla, con el precedente de Boris Johnson aún fresco en la memoria colectiva.

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