Rusia indemnizará a Azerbaiyán por derribar su avión de pasajeros en 2024
Casi 16 meses después del siniestro que dejó 38 muertos, Moscú reconoce formalmente que su defensa aérea derribó por error la aeronave y pacta el pago de compensaciones con Bakú, cerrando una crisis diplomática.

Los ministerios de Exteriores de Rusia y Azerbaiyán anunciaron este miércoles haber alcanzado un «acuerdo apropiado» para resarcir los daños del derribo del vuelo de Azerbaijan Airlines (AZAL) ocurrido en diciembre de 2024. En una declaración conjunta, ambos gobiernos confirmaron que la aeronave fue alcanzada por «una acción no intencionada de un sistema de defensa aérea en el espacio aéreo de la Federación Rusa». El pacto, que incluye el pago de compensaciones, fue alcanzado durante un encuentro entre los presidentes Vladímir Putin e Ilham Alíyev, y busca sellar una herida diplomática que durante más de un año tensó la alianza estratégica entre Moscú y Bakú.
El siniestro se produjo el 25 de diciembre de 2024, cuando un Embraer 190 que cubría la ruta Bakú–Grozny se vio obligado a desviarse hacia Aktau, en Kazajistán, donde se estrelló dejando 38 fallecidos entre los 62 ocupantes. La aeronave fue alcanzada por fragmentos de misiles mientras las defensas antiaéreas rusas repelían un ataque de drones ucranianos sobre el Cáucaso. Durante meses, el Kremlin evitó atribuirse responsabilidad directa; sin embargo, la presión diplomática azerbaiyana y la evidencia técnica forzaron una admisión escalonada que culmina ahora con la compensación pactada.
Desde Bakú, el acuerdo es presentado por la prensa oficial como un gesto necesario para resguardar una relación bilateral que combina intereses energéticos, militares y de seguridad regional. En Moscú, los medios afines al Kremlin han subrayado que la rápida resolución confirma la solidez del vínculo aliado, mientras que plataformas independientes rusas destacan el prolongado silencio inicial y el costo político que supuso para el Kremlin ceder ante un socio que supo exigir respeto a su soberanía. El portavoz presidencial Dimitri Peskov calificó de «exhaustivo» el comunicado, dando a entender que la investigación se da por cerrada.
Observadores en Bruselas interpretan el desembolso reparador como un movimiento calculado de Rusia para no perder influencia en el estratégico corredor energético del Cáucaso Sur, donde la Unión Europea compite por estrechar lazos. Desde América Latina, analistas en ciudades como Buenos Aires y Ciudad de México señalan que Moscú está dispuesto a asumir costes financieros y simbólicos para preservar asociaciones clave, un gesto que refuerza su imagen de potencia capaz de gestionar crisis con sus aliados periféricos.
El acuerdo cierra un capítulo de tensión, pero deja interrogantes sobre la transparencia de las investigaciones en zonas de conflicto y sobre la seguridad de la aviación civil en escenarios de guerra híbrida. Aunque los detalles de las indemnizaciones no fueron divulgados, el desenlace sienta un precedente sobre cómo Estados involucrados en contiendas pueden gestionar las consecuencias de sus acciones bélicas sobre terceros, al tiempo que evidencia la fragilidad de la confianza incluso entre naciones que se llaman aliadas.
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