Francia veta al ministro de Finanzas israelí y endurece las sanciones por la violencia en Cisjordania
París prohíbe la entrada a Bezalel Smotrich y a 25 colonos, en una acción coordinada con Reino Unido, Canadá y otros aliados, mientras crece la presión internacional contra la expansión de los asentamientos.

Francia ha dado un paso contundente al vetar la entrada a su territorio al ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, junto con cuatro líderes de organizaciones de colonos y veintiún colonos violentos. El ministro francés de Exteriores, Jean-Noël Barrot, justificó la medida acusando a Smotrich de promover activamente la anexión de Cisjordania, la creación de nuevos asentamientos, la «recolonización» de Gaza y el colapso económico de la Autoridad Palestina. Se trata del segundo miembro del gobierno de Benjamín Netanyahu castigado por París en pocas semanas, tras la prohibición impuesta anteriormente al ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir.
La decisión francesa no es aislada: forma parte de un paquete de sanciones coordinado entre Francia, el Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Noruega, dirigido contra quienes intensifican la actividad de colonización y la violencia en Cisjordania. Los cinco países, que emitieron una declaración conjunta, advirtieron que los colonos extremistas continúan atacando a palestinos con el respaldo de sus partidarios, y se declararon listos para adoptar más medidas si el gobierno israelí no actúa con urgencia. Por su parte, Londres añadió su propia batería de restricciones contra redes de financiación de la violencia colonizadora y urgió a las empresas británicas a cesar toda actividad en los asentamientos ilegales.
Desde los despachos europeos se subraya que Smotrich encarna una corriente radical que reivindica abiertamente la anexión y el reasentamiento de Gaza. Con esta prohibición, Francia se convierte en el décimo país occidental que le cierra las puertas, tras España, el Reino Unido, Canadá, Nueva Zelanda, Australia, Noruega, Eslovenia, Irlanda y los Países Bajos. La coordinación transatlántica y con potencias del Pacífico evidencia un hartazgo creciente ante una política de hechos consumados que, según analistas en Bruselas, socava cualquier horizonte de solución de dos Estados. Medios latinoamericanos, como la agencia argentina Noticias Argentinas, se hicieron eco del veto, reflejo del interés global por estas sanciones.
La respuesta israelí no se hizo esperar: fuentes diplomáticas calificaron las medidas de «vergonzosas». Sin embargo, la acumulación de gestos punitivos —Italia investiga a Ben Gvir por torturas y secuestro de activistas extranjeros— sugiere un endurecimiento progresivo de la comunidad internacional. Los observadores en Madrid y otras capitales europeas interpretan estas sanciones como una señal de que la paciencia se agota y de que, si continúa la violencia colonizadora, el aislamiento diplomático de Israel podría profundizarse aún más, poniendo en jaque los apoyos tradicionales.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
La prensa europea continental encuadra las sanciones coordinadas como una respuesta firme y pragmática a la violencia de los colonos y la retórica anexionista. París, Londres y otros socios prohíben la entrada a Smotrich y apuntan a las organizaciones que alimentan la expansión ilegal, subrayando que la 'recolonización' de Gaza es inaceptable.
Los medios iraníes presentan las sanciones occidentales como un reconocimiento tardío e insuficiente de los crímenes del régimen sionista. Destacan los llamamientos extremistas de Smotrich a la anexión y la recolonización como prueba del creciente aislamiento de Israel, denuncian el apoyo sistemático a la violencia de los colonos y exigen medidas mucho más duras contra los líderes israelíes.
La prensa crítica israelí informa sobre la prohibición francesa a Smotrich y las sanciones coordinadas como una señal de la creciente fricción entre el gobierno de extrema derecha y los aliados occidentales. Al tiempo que condena la violencia de los colonos y recoge el consejo británico a las empresas de abandonar los asentamientos, muestra escepticismo sobre la eficacia de esos gestos simbólicos.
La prensa árabe presenta las sanciones occidentales coordinadas como un reconocimiento largamente esperado del terrorismo de los colonos contra los palestinos, condenando a Smotrich como símbolo del colonialismo extremista. Subraya la impunidad de los ataques de los colonos y advierte que la paciencia internacional con las políticas expansionistas israelíes se ha agotado, acogiendo las prohibiciones como un paso hacia la rendición de cuentas.
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