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Magyar asalta los medios públicos húngaros y exige la dimisión del presidente

El virtual primer ministro suspendió los informativos hasta que dejen de ser propaganda orbanista y pidió a Tamás Sulyok que renuncie por considerarlo indigno de representar la unidad nacional.

Sociedad12 medios6 idiomas3 min de lecturaActualizado 08:40

Péter Magyar, el líder conservador que el domingo barrió en las urnas y puso fin a dieciséis años de Gobierno de Viktor Orbán, escenificó este miércoles su ingreso en las fortalezas del poder que fueron pilar del régimen anterior. Minutos después de las siete de la mañana entró en los estudios del ente público MTVA y, en su primera entrevista en dieciocho meses en la radio y la televisión estatales, anunció que suspenderá temporalmente los informativos. «Hungría necesita un medio que refleje la realidad, no la propaganda», afirmó ante unos presentadores a los que acusó de haber sido engranajes de la maquinaria comunicacional orbanista. Horas más tarde, en el palacio presidencial de Sándor, le dijo al jefe del Estado, Tamás Sulyok, que a sus ojos no es digno de encarnar la unidad de la nación y que si no dimite voluntariamente lo removerá mediante una reforma constitucional una vez formado Gobierno.

La ofensiva de Magyar se despliega en varios frentes simultáneos. Denunció que el Ejecutivo saliente está destruyendo documentos confidenciales para eludir investigaciones por corrupción, un gesto que él calificó de «daño al Estado húngaro». Al mismo tiempo, advirtió que las estructuras híbridas que confundían financiación pública con actividad partidaria –los grandes think tanks y foros como el Cpac– dejarán de recibir fondos públicos. Mientras, el presidente estadounidense Donald Trump, que en campaña apostó por Orbán, intentó reciclar posiciones: «Magyar es un buen hombre, hará un buen trabajo», declaró a ABC News, en un giro que algunos analistas en Madrid interpretan como pragmatismo ante un nuevo interlocutor en Budapest.

Desde Bruselas se observa el proceso como una oportunidad para desbloquear los miles de millones de euros congelados por los déficits del Estado de derecho en Hungría. Magyar ya ha telefoneado a Ursula von der Leyen y ha prometido adherirse a la Fiscalía Europea, restaurar la independencia judicial y garantizar una cobertura mediática imparcial. La promesa de suspender los telediarios públicos hasta que estén «limpios» de propaganda subraya la urgencia, pero también los riesgos: analistas centroeuropeos advierten que cortar la señal oficial sin un plan de transición podría generar vacíos informativos en un país donde los medios independientes quedaron asfixiados.

Observadores latinoamericanos y españoles leen el caso húngaro a la luz de experiencias propias. En países como México o Brasil, los relevos de poder tras gobiernos populistas también tuvieron que lidiar con medios públicos capturados, y la receta de Magyar –cierre temporal, nueva ley de medios y autoridad reguladora– recuerda a los debates que en España se dieron tras la crisis de RTVE. La clave, subrayan fuentes diplomáticas en Viena, no está solo en desmontar la vieja propaganda, sino en evitar que el nuevo Ejecutivo construya otra con distinto signo. El líder de Tisza tendrá una mayoría parlamentaria que le permitirá «hacer verdaderamente todo», pero el éxito dependerá de la voluntad política para que el cambio de régimen no derive en un nuevo monopolio de la verdad.

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