La fulminante caída de Eric Swalwell: del impeachment a la dimisión por escándalo sexual
El demócrata Eric Swalwell abandona el Congreso y su carrera hacia la gobernación de California tras denuncias de agresión sexual que desatan una investigación penal en Manhattan y reproches bipartidistas.

La carrera política del demócrata Eric Swalwell, antaño fiscal en el segundo juicio político contra Donald Trump y aspirante a la presidencia en 2020, se desplomó este lunes con su dimisión del Congreso de Estados Unidos. La renuncia del representante por California se produjo en medio de múltiples acusaciones de agresión y acoso sexual, incluyendo una denuncia por violación presentada por una antigua colaboradora. Swalwell negó rotundamente las imputaciones, pero admitió «errores de juicio» en un comunicado que combinó desafío y contrición: «Lucharé contra las acusaciones falsas, pero debo asumir la responsabilidad por los errores que sí cometí».
Las denuncias saltaron a la luz cuando el San Francisco Chronicle publicó el testimonio de una exasesora que afirmó haber sido agredida sexualmente por el legislador en un hotel de Nueva York mientras ella estaba ebria. La fiscalía de Manhattan abrió una investigación penal. Al día siguiente, tres mujeres más relataron a la cadena CNN episodios de acoso y comportamientos inadecuados, entre ellas la influencer Ally Sammarco, cuyo esposo, Adam Parkhomenko, lanzó una advertencia pública al político: cualquier intento de desacreditar a su esposa acarrearía más consecuencias legales. Desde la cobertura europea se subrayó que el caso había provocado un «casse-tête inattendu» para los demócratas justo cuando se preparan para sustituir al gobernador Gavin Newsom, que no puede optar a la reelección.
La caída de Swalwell fue fulminante. Tras suspender su campaña a la gobernación de California, su hasta entonces «mejor amigo» en el Capitolio, el senador Rubén Gallego, se distanció sin reservas: «No tenía conocimiento de las acusaciones de agresión, acoso y comportamiento depredador». Figuras demócratas de primer plano, como Elizabeth Warren, calificaron la dimisión de «decisión inteligente», mientras los republicanos cuestionaban cuánto sabía la cúpula del partido antes del estallido del escándalo. Casi al mismo tiempo, un congresista republicano de Texas renunciaba tras reconocer una relación extramatrimonial con una empleada, lo que reforzó la imagen de una repentina tolerancia cero hacia la mala conducta sexual en la esfera legislativa estadounidense.
Con todo, la controversia reaviva un debate incómodo: la tensión entre el debido proceso y la presión política para una salida rápida. El propio Swalwell advirtió que expulsar a un legislador pocos días después de una acusación, sin investigación formal, era «incorrecto», aunque reconoció que su permanencia perjudicaría a sus colegas. Analistas latinoamericanos observan que la velocidad de estos procesos —impulsados por la indignación pública en redes sociales— puede crear un peligroso vacío de garantías, mientras en Europa la atención se centró en cómo el caso altera el mapa político del estado más poblado del país. La carrera por el puesto de gobernador en California queda ahora abierta, y los demócratas deberán gestionar las secuelas de un ascenso y una caída que se cuentan entre las más rápidas de la política estadounidense reciente.
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