Japón rompe con décadas de pacifismo al autorizar la exportación de armas letales
El Gobierno de Sanae Takaichi levanta la última barrera a la venta de cazas, misiles y destructores, en un giro que reconfigura su rol defensivo y genera reacciones dispares en Asia, Europa y el mundo árabe.

Japón ha consumado un giro histórico al derogar la prohibición de exportar armas letales impuesta tras la Segunda Guerra Mundial. El Gabinete de la primera ministra, Sanae Takaichi, aprobó el martes nuevas directrices que autorizan la venta de equipos como aviones de combate, drones de ataque y misiles, superando las limitaciones que restringían los envíos a material de rescate, vigilancia o desminado. La medida, que abre la puerta a la participación japonesa en el mercado global de defensa, representa el abandono más profundo de la doctrina pacifista de 1945 y ha sido acogida con interés por socios como Australia y varios países del sudeste asiático.
La decisión se produce cuando Takaichi cumple seis meses en el poder con niveles récord de apoyo popular, aunque su estilo de liderazgo —calificado por medios japoneses como autoritario y distante de la vieja guardia del Partido Liberal Democrático— genera resistencias internas. La suspensión temporal del impuesto al consumo y la ofrenda ritual que realizó el martes al Santuario Yasukuni, símbolo del pasado militarista, han avivado las críticas tanto dentro de la formación gobernante como entre sus vecinos. Pekín ya había condenado el levantamiento del embargo armamentístico, y la visita al mismo templo del líder de un partido de la coalición oficialista añade un nuevo foco de tensión diplomática.
Desde la óptica de los socios europeos, la prensa francesa subraya que la entrada de Tokio en el comercio internacional de armas coincide con un momento de rearme en el continente. La necesidad de Ucrania de construir un sistema antimisiles propio ante la escasez de baterías Patriot —el presidente Zelenski declaró que la situación es “peor que nunca” y que aspira a tener una defensa balística europea “en un año”— ilustra la demanda creciente de sistemas de defensa avanzados. En el mundo árabe, se destaca que la primera ministra justificó el cambio como motor de crecimiento para la industria nacional, al tiempo que busca reforzar la cooperación en seguridad frente a un entorno regional que Tokio califica de cada vez más desafiante, en particular por la crisis con Irán.
Analistas en Hong Kong advierten, sin embargo, que el margen de maniobra de Takaichi podría estrecharse si el malestar en las filas conservadoras se transforma en rebelión abierta. Las quejas filtradas a los tabloides sobre su actitud de “reina” y el descontento con políticas económicas heterodoxas revelan que el éxito electoral de febrero no ha acallado a los barones del partido. La prueba de fuego para la primera ministra será equilibrar la expansión militar y comercial con la cohesión interna y las relaciones con China, justo cuando la redefinición estratégica de Japón reescribe capítulos que parecían sellados desde la posguerra.
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