Irán condena el ataque a sus instalaciones nucleares y acusa al OIEA de politizar la supervisión
Teherán denuncia 17 oleadas de bombardeos de EE.UU. e Israel contra sitios bajo salvaguardias y advierte que normalizar esas acciones amenaza el régimen de no proliferación.

La delegación iraní en la reunión especial de la Junta de Gobernadores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) describió este viernes los ataques contra sus instalaciones nucleares bajo salvaguardias como «los más extensos y sin precedentes» en la historia del organismo. En una declaración que acaparó la atención de las cancillerías, Irán exigió una respuesta decisiva de la comunidad internacional y recordó que resoluciones previas de la propia Junta —como la condena al bombardeo israelí del reactor iraquí en 1981— consideran cualquier agresión a centros nucleares pacíficos contraria a la Carta de la ONU y al derecho internacional. Fuentes diplomáticas en Viena confirmaron que el debate se produjo luego de que un informe confidencial del director general, Rafael Grossi, alertara sobre la imposibilidad de verificar el material nuclear en determinados emplazamientos.
El vicecanciller iraní, Kazem Gharibabadi, redobló la ofensiva retórica y acusó al OIEA de convertir los reportes técnicos en «instrumentos de presión política». Desde la óptica de Teherán, la pérdida de capacidad de supervisión en algunas plantas no deriva de una falta de cooperación, sino de los reiterados bombardeos ejecutados por Estados Unidos e Israel. Según los datos presentados por Irán, durante los conflictos de junio de 2025 y febrero de 2026 —que estallaron en plenas negociaciones nucleares— se registraron 17 oleadas de ataques, una de ellas en las inmediaciones de la central de Bushehr. «Si la agencia desea contribuir a una solución diplomática, debe abstenerse de utilizar las consecuencias de un ataque como queja contra Irán», escribió Gharibabadi en la red social X, en alusión a la falta de condena explícita de Grossi a esas operaciones militares.
Analistas en América Latina y en el Movimiento de Países No Alineados observan con preocupación la secuencia de hechos y recuerdan que la AIEA tiene un historial de resoluciones que prohíben tajantemente ataques a instalaciones bajo salvaguardias. La advertencia iraní de que normalizar estos bombardeos supone una «grave amenaza para el régimen de no proliferación» encuentra eco en capitales que han defendido tradicionalmente el derecho al uso pacífico de la energía nuclear sin injerencias externas. Al cierre de esta edición, ni Washington ni Tel Aviv habían comentado públicamente las acusaciones, mientras el OIEA evaluaba cómo retomar las inspecciones sin que ello legitime lo que Teherán califica de violación de su soberanía. El episodio evidencia la tensión estructural entre las exigencias de verificación multilateral y los conflictos armados que golpean directamente a la infraestructura regulada.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
Irán condena los ataques contra instalaciones nucleares bajo salvaguardias como los más extensos y sin precedentes en la historia del OIEA, y exige una reacción internacional contundente. Evoca el bombardeo israelí al reactor Osirak en 1981 para sostener que agredir infraestructura civil atómica socava el régimen de no proliferación. Normalizar ese tipo de ofensivas, advierte Teherán, supone una amenaza estratégica de largo alcance para la seguridad mundial.
Irán rechaza el informe del organismo nuclear de la ONU como un instrumento de presión política y sitúa la controversia en una cronología más amplia: los ataques militares de Estados Unidos e Israel ocurrieron justo cuando Teherán negociaba su programa atómico. La pérdida de capacidad de supervisión se presenta como consecuencia directa de esos bombardeos, no como un incumplimiento iraní. El patrón histórico de ofensivas repetidas en plenas negociaciones arroja dudas sobre el momento elegido y el uso político del informe técnico.
Teherán acusa al organismo nuclear de la ONU de politizar la supervisión de su programa atómico y sostiene que los informes técnicos se convierten en instrumentos de presión. El viceministro de Exteriores vincula directamente las lagunas de monitoreo con los ataques sufridos por ciertas instalaciones. La declaración se recoge de forma neutra, limitándose a dejar constancia de la protesta oficial iraní sin mayor contextualización.
Esta noticia ha aparecido en
7 medios · 5 idiomas · ventana 24 horas