Trump borra su imagen como Jesús y aviva un choque inédito con el Papa León XIV
El presidente estadounidense retiró un montaje de IA que lo mostraba como Cristo, luego del repudio del Vaticano y de sectores de su propia base religiosa. JD Vance pidió a la Santa Sede ceñirse a lo moral en medio de la crisis por Irán.

La madrugada del lunes, Donald Trump desató una tormenta política y espiritual al arremeter contra el Papa León XIV en su red Truth Social. Lo tildó de «débil frente al crimen y catastrófico en política exterior», le reprochó no mencionar la «persecución» de la Iglesia durante la pandemia y sugirió que el Pontífice debería estarle agradecido por haber llegado a Roma gracias a ser estadounidense [A1]. Horas después, el presidente publicó una imagen generada por inteligencia artificial donde aparecía como una figura crística que impone las manos a un enfermo, rodeada de una luz celestial y aviones de combate. La blasfemia fue tan inmediata como la indignación: líderes de la derecha católica y evangélica quebraron filas con el mandatario [A13].
Trump borró la publicación y ofreció una explicación sorprendente. «No era una representación. Era yo como médico, y tenía que ver con la Cruz Roja», afirmó desde el Jardín Sur de la Casa Blanca [A3][A4]. El gesto no aplacó los ánimos. Analistas europeos y latinoamericanos destacaron que el episodio se inserta en una escalada de provocaciones con inteligencia artificial, desde imágenes del presidente vestido de Papa hasta vídeos que ridiculizaban a los Obama como primates [A2]. La controversia dejó al descubierto una fractura en la coalición electoral de Trump, precisamente cuando la guerra con Irán ya tensiona a su gobierno [A8].
El vicepresidente J. D. Vance, converso al catolicismo, salió en defensa del presidente y lanzó un desafío directo: «En algunos casos, sería preferible que el Vaticano se atuviera a las cuestiones morales y dejara que el presidente de Estados Unidos se ocupe de dictar la política pública americana» [A5][A12]. Desde Roma, la respuesta no fue menos firme. León XIV, nacido Robert Prevost en Chicago, replicó: «Hablo del Evangelio; por eso seguiré alzando la voz contra la guerra» [A7]. La réplica papal confirmó lo que observadores en España describen como la transformación del Pontífice en un «anti‑Trump» que, sin buscarlo deliberadamente, ha llevado a los votantes de ultraderecha a un dilema existencial: ¿de parte de quién están? [A14].
El choque entre el presidente y el primer Papa estadounidense de la historia adquiere una dimensión simbólica que trasciende lo personal. Para los católicos norteamericanos, el espectáculo de un mandatario que se apropia de iconografía sagrada mientras ridiculiza al sucesor de Pedro representa una colisión inédita de fe y política [A11]. En el trasfondo, la disputa por la guerra de Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz [A1] expone a la administración Trump a un creciente aislamiento también en el plano moral. La imagen borrada, lejos de cerrar la crisis, ha dejado en el aire una pregunta que resonará en los próximos meses: si el nacionalismo populista puede convivir con una autoridad espiritual que no se deja impresionar ni por el poder militar ni por las encuestas.
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