Takaichi sopesa rebaja fiscal en un Japón que cierra puertas a inmigrantes
La primera ministra debe decidir la reducción del IVA alimentario, mientras su gobierno multiplica las tasas migratorias y regiones subsidian a turistas extranjeros, en un país de contrastes sociales.

De acuerdo con la agencia nipona Jiji Press, cuyos despachos han sido difundidos por medios italianos y japoneses, la decisión final sobre la rebaja del impuesto al consumo en alimentos —ya sea al 0% o al 1%— recae en la primera ministra Sanae Takaichi. El jefe de política del gobernante Partido Liberal Democrático, Takayuki Kobayashi, afirmó que se persigue una tasa cero, pero que la cuestión requiere una decisión política. Mientras, el socio de coalición, el Partido de la Innovación de Japón, insiste en definir simultáneamente la magnitud y los plazos de la medida temporal.
Esa incertidumbre fiscal convive con un giro restrictivo en materia migratoria. Desde la óptica de analistas europeos, el gobierno de Takaichi —el primero liderado por una mujer en Japón y de perfil nacionalista— ha multiplicado por treinta las tarifas de visados y permisos de residencia. La medida, aprobada por la Dieta, busca dar respuesta al creciente malestar de una parte de la población ante la presencia extranjera, un sentimiento que ha alimentado a formaciones soberanistas anti-establishment.
Sin embargo, la relación con el extranjero no es unívoca. En el ámbito turístico, gobiernos locales como el de Kagoshima, en el suroeste del archipiélago, subsidian por completo los billetes del tren bala para visitantes foráneos, con el fin de recuperar las cifras previas a la pandemia. Esta política ha sido tachada de “injusta” por voces críticas que ven un agravio comparativo con los residentes. La paradoja entre el cierre migratorio y la promoción turística refleja un equilibrio complejo en la estrategia económica del país.
En medio de esos debates, la cotidianidad japonesa sigue ofreciendo estampas singulares. Una bloguera rusa describió cómo los populares «cafés de sirvientas», donde jóvenes disfrazadas cobran por brindar compañía y atención personalizada, son frecuentados por familias enteras y considerados un entretenimiento normal para todas las edades. Un recordatorio de que, tras las tensiones políticas, la sociedad nipona mantiene dinámicas culturales propias que desafían las categorías externas.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
El endurecimiento migratorio del gobierno Takaichi contempla un aumento de hasta treinta veces las tarifas de visados y permisos de residencia, subrayando la línea nacionalista de la primera mujer al frente de Japón. Mientras tanto, las ventajas para los turistas extranjeros, como los billetes de tren bala subvencionados, alimentan un debate sobre la equidad.
Una bloguera de viajes rusa describe Japón como un país donde los cafés con criadas de pago son la norma, con mujeres que invitan a hombres solitarios a comprar conversación y sonrisas. El relato convierte una costumbre social local en rareza exótica.
La primera ministra Takaichi deberá decidir si reduce el impuesto al consumo de alimentos al 0% o al 1%, una elección política que le deja el partido gobernante. Mientras, los gobiernos locales financian billetes de tren bala gratuitos para reactivar el turismo, atrayendo críticas de injusticia.
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