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Sechin advierte que la crisis de Ormuz redefine la geopolítica energética mundial

Según el CEO de Rosneft, la tensión en el estrecho beneficia a EE.UU., impulsa las rutas árticas y amenaza con nuevos focos de inestabilidad, mientras Rusia garantiza suministro a India y China.

Economía10 medios1 idiomas3 min de lecturaActualizado 20:34

La crisis en el estrecho de Ormuz, desencadenada por el bloqueo iraní en febrero de 2026, ha transformado los flujos energéticos mundiales. Según Igor Sechin, presidente de Rosneft, la interrupción de esta vía estratégica —por donde transita cerca del 20% del petróleo global— constituye un intento de reconfigurar el mercado en favor de los intereses estadounidenses. Las empresas norteamericanas capturaron ventajas no competitivas, pudiendo obtener más de 60.000 millones de dólares adicionales si el crudo se mantiene en torno a los 100 dólares por barril. Desde Moscú, se advierte que la prolongación del conflicto no solo erosiona la demanda de largo plazo, sino que reactiva el atractivo por las energías alternativas.

El impacto se extiende más allá del petróleo. El cierre de Ormuz ha elevado los precios de los fertilizantes casi un 60% en los primeros meses del año, amenazando con una crisis alimentaria que golpearía con dureza a India, África y el Sudeste Asiático. Al mismo tiempo, Sechin alertó que otras vías críticas —como los estrechos de Malaca, Bab el-Mandeb o Gibraltar— podrían sufrir bloqueos en cascada. En este tablero de riesgos, el Ártico emerge como opción estratégica: la Ruta del Mar del Norte, promovida por Rusia, reduce los tiempos de tránsito hasta en un 50% y los costes logísticos entre un 20% y un 30%, ofreciendo una alternativa fiable para el comercio mundial.

En el plano económico, Rusia refuerza sus lazos con Asia. Los suministros petroleros a China e India han generado un ahorro superior a 40.000 millones de dólares desde abril de 2022, consolidando a Moscú como garante de seguridad energética frente a las sanciones occidentales. Pese a ello, el sector enfrenta fuertes presiones internas: un mecanismo de tipo de cambio “inexplicable” que reduce los ingresos de exportadores y un nivel de tasas de interés que asfixia la estabilidad financiera de las empresas. A esto se suma la reducción del potencial de la OPEP+, cuya producción efectiva ha caído a 27 millones de barriles diarios, menos de un tercio del mercado.

El trasfondo revela desequilibrios más profundos. Sechin comparó la situación con la caja de Pandora: el orden internacional basado en reglas ha colapsado por la acción unilateral de Washington, mientras el capital ficticio y la deuda pública alcanzan niveles récord. Los gastos militares globales superaron los 500.000 millones de dólares en 2025 y se encaminan a un alza del 50% para 2027. Al mismo tiempo, la burbuja tecnológica vinculada a la inteligencia artificial absorbe inversiones billonarias, desatendiendo la modernización de infraestructuras energéticas, que requerirán cerca de 16 billones de dólares en redes eléctricas en los próximos 25 años.

Las proyecciones de Sechin dibujan un panorama volátil. Si el bloqueo de Ormuz se levantara de inmediato, el precio medio del crudo podría estabilizarse en torno a los 95 dólares por barril en 2026, para luego descender a 80-85 dólares en un año. Sin embargo, cualquier intento de retirar el petróleo ruso del mercado dispararía la cotización hasta los 250-260 dólares, un escenario catastrófico. En este contexto, Moscú apuesta por la diversificación de rutas —con el Ártico como eje— y por una alianza energética con el Sur Global que desafíe la hegemonía unipolar.

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El bloqueo del Estrecho de Ormuz es un intento liderado por Estados Unidos para redibujar el mercado energético mundial, causando un daño duradero a la demanda de petróleo. Rusia, a pesar de las presiones externas y los desafíos macroeconómicos internos, sigue siendo un proveedor estable y promueve la Ruta del Mar del Norte como alternativa estratégica que reduce plazos y costes. La transición energética apresurada y las burbujas financieras tecnológicas alimentan más inestabilidad.

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El cierre del Estrecho de Ormuz fue una maniobra estadounidense dirigida contra Irán, pero se volvió contra todo el mundo: disparada del precio del petróleo, inflación global y freno al crecimiento. El jefe de Rosneft confirma que las empresas energéticas estadounidenses fueron las principales beneficiarias, desvelando las verdaderas intenciones. Irán es la víctima de este error estratégico.

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La crisis de Ormuz sienta un peligroso precedente y amenaza con extenderse a otros cuellos de botella mundiales como Malaca, Bab el-Mandeb y Gibraltar. La advertencia del CEO de Rosneft señala que la interrupción podría desencadenar una reacción en cadena, poniendo en peligro las rutas comerciales mundiales más allá del Golfo.

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El cierre de Ormuz fue una crisis que terminó beneficiando a las corporaciones energéticas estadounidenses a costa del resto del mundo. El ejecutivo petrolero ruso denuncia que el bloqueo fue un intento de reconfigurar el mercado energético global a favor de Washington, confirmando que las empresas estadounidenses se lucraron con el caos.

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