Sanciones de EE.UU. desatan éxodo empresarial de Cuba y la isla busca refugio en inversores locales
La presión estadounidense provoca la retirada de hoteleras y aerolíneas; La Habana habilita la gestión de establecimientos turísticos para ciudadanos cubanos ante un futuro incierto.

Las sanciones de la administración estadounidense han forzado un repliegue masivo de empresas extranjeras en Cuba, un fenómeno que se aceleró al vencer el ultimátum impuesto para el 5 de junio. Cadenas hoteleras como la española Meliá suspendieron operaciones en 15 de sus 34 establecimientos, mientras que aerolíneas como Air Canada y Sunwing cancelaron sus vuelos de forma indefinida, aduciendo la incertidumbre política y económica que asfixia a la isla. El bloqueo financiero, que incluye la suspensión de pagos con tarjetas Visa y Mastercard, ha dejado al sector turístico —pilar de la economía cubana— sin acceso a divisas y con una ocupación en caída libre.
Desde la óptica latinoamericana, analistas en Ciudad de México y San Pablo observan que la presión de Washington combina sanciones económicas directas con un embargo energético de facto, al cortar el suministro de combustible. Esto ha agravado los apagones y la escasez de bienes básicos, creando un cóctel que expulsa a los inversionistas. La inclusión del conglomerado militar Gaesa en las listas de la OFAC ha sido el detonante, ya que cualquier vínculo con esa entidad expone a las compañías a represalias en el mercado estadounidense.
En respuesta, el gobierno de Miguel Díaz-Canel ha girado hacia una estrategia de autogestión, ofreciendo la administración de hoteles a inversores cubanos residentes dentro y fuera del país. Según fuentes españolas, se exploran modalidades de negocio con socios de otras naciones no dependientes de Estados Unidos, un intento de sortear el cerco financiero. La diáspora cubana aparece como un salvavidas potencial, aunque los expertos dudan de su capacidad para suplir la infraestructura y el capital que aportaban las transnacionales.
Las reacciones desde el ámbito europeo, particularmente desde Madrid, reflejan preocupación por el impacto en las empresas ibéricas históricamente arraigadas en la isla, pero también resignación ante la imposibilidad de eludir las sanciones sin perder acceso al mercado norteamericano. La decisión de Meliá, comunicada el pasado 26 de mayo, ilustra el dilema entre los vínculos comerciales y el riesgo legal.
A futuro, la viabilidad del modelo de gestión hotelera por nacionales dependerá de la profundidad de la crisis y de la resiliencia de las redes de la diáspora, en un contexto donde el bloqueo financiero y energético convierte cualquier operación en una apuesta de alto riesgo. Mientras tanto, la isla se encamina hacia un aislamiento económico que recuerda los peores momentos del “período especial”, con la diferencia de que ahora Washington busca desmantelar el sostén militar-empresarial del régimen.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
El presidente Díaz-Canel busca inversores cubanos y socios no estadounidenses para salvar los hoteles y las empresas afectadas por las sanciones de Washington. La suspensión indefinida de los vuelos de Air Canada y el éxodo de compañías extranjeras se muestran como consecuencia directa de la presión coercitiva estadounidense, que obliga a las firmas a romper con la isla. Cuba se presenta como víctima de una agresión económica, pero resiliente y buscando alternativas.
El plazo del ultimátum estadounidense está provocando un éxodo masivo de empresas extranjeras de Cuba, con Air Canada suspendiendo sus vuelos indefinidamente debido a la incertidumbre política y económica. Las sanciones de máxima presión de Washington, impulsadas por la administración Trump, están aislando cada vez más a la isla, obligando a las empresas a romper vínculos para evitar represalias. La situación en Cuba se deteriora, entre amenazas de intervención militar y colapso de los servicios.
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