Ruby Rose denuncia a Katy Perry por agresión sexual; la cantante habla de 'mentiras temerarias'
La actriz australiana acusó a la estrella del pop de un incidente ocurrido hace 20 años en Melbourne. Perry lo niega con vehemencia, mientras el episodio irrumpe tras su aparición en Coachella con Justin Trudeau.

La actriz australiana Ruby Rose ha acusado públicamente a la cantante estadounidense Katy Perry de agredirla sexualmente hace dos décadas en una discoteca de Melbourne, una denuncia que Perry ha calificado de «categóricamente falsa» y de «mentiras temerarias peligrosas». La declaración, difundida el lunes a través de un portavoz de la artista, se produjo horas después de que Rose publicara en la red social Threads los detalles del presunto ataque, en respuesta a un artículo sobre la actuación de Justin Bieber en el festival de Coachella. Observadores en Sídney subrayan que la actriz, conocida por su papel en Orange Is the New Black, ya había insinuado el incidente años atrás como una «anécdota de borrachera», pero es la primera vez que lo formula como una agresión sexual explícita.
El detonante de la controversia fue la presencia de Perry en el desierto californiano junto al ex primer ministro canadiense Justin Trudeau. Ambos fueron fotografiados en actitud distendida –ella con gorra de béisbol invertida, él comiendo fideos con palillos en la cuneta– mientras la cantante ironizaba en Instagram sobre el uso de YouTube durante el concierto de Bieber. El columnista del Sydney Morning Herald acuñó el neologismo «Trudoolie» para describir la escena, un término que refleja la extrañeza de ver a un antiguo jefe de gobierno convertido en acompañante festivalero. La imagen de ligereza contrastó abruptamente con la seriedad de la acusación de Rose, quien escribió: «Katy Perry me agredió sexualmente en el club Spice Market de Melbourne. ¿A quién le importa lo que ella piense?».
Las reacciones dibujan un mapa de sensibilidades divergentes. La prensa australiana, próxima a la trayectoria de Rose, ha reproducido con detalle su relato –el contacto no consentido, las náuseas posteriores, el pacto de silencio a cambio de ayuda migratoria– mientras que los medios estadounidenses han destacado la contundencia de la negativa de Perry y el historial de la actriz lanzando acusaciones en redes. Desde el ámbito germanoparlante, la cobertura ha sido sobria pero incisiva, calificando las imputaciones de «graves» y recordando que el equipo de la cantante tachó el episodio de «rücksichtslose Lügen» (mentiras imprudentes). La radio televisión canadiense, por su parte, informó de la polémica con una concisión que subraya el carácter internacional del caso.
Analistas en Los Ángeles anticipan que la controversia podría empañar la próxima gira mundial de Perry, especialmente si Rose decide emprender acciones legales, aunque la prescripción del delito en Australia complica esa vía. En Melbourne, el debate se ha centrado en la credibilidad de los testimonios retrospectivos y en el derecho de las víctimas a señalar a sus agresores sin pruebas judiciales. El episodio deja al descubierto la intersección frágil entre la cultura de la celebridad, el activismo digital y la memoria traumática: mientras Coachella sigue su curso indiferente, la acusación de Rose añade un capítulo sombrío a la biografía pública de una estrella que hace apenas unos meses viajaba al espacio con Blue Origin.
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