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Ruby Rose acusa de agresión sexual a Katy Perry y la cantante responde con un desmentido demoledor

La actriz australiana denunció un incidente en un club de Melbourne hace 20 años; Perry califica las acusaciones de “mentiras imprudentes y peligrosas” y su entorno destaca el historial de Rose.

Sociedad7 medios3 idiomas3 min de lecturaActualizado 09:51

La actuación estelar de Justin Bieber en el festival de Coachella desató una cadena de acontecimientos que ha colocado a Katy Perry en el centro de una grave polémica. En respuesta a un comentario jocoso que la cantante publicó en Instagram junto a su pareja, el ex primer ministro canadiense Justin Trudeau, la actriz australiana Ruby Rose acusó públicamente a Perry de agresión sexual. La denuncia, difundida en la plataforma Threads, remite a un episodio ocurrido hace dos décadas en la discoteca Spice Market de Melbourne, y provocó un desmentido inmediato y categórico del equipo de la intérprete de «I Kissed a Girl».

Desde Australia se reconstruye que Rose, de 40 años, afirmó haber sido víctima de un contacto sexual no consentido en el rostro mientras descansaba sobre las rodillas de una amiga, hecho que en su momento habría narrado como una anécdota de ebriedad. La actriz añadió que vomitó sobre Perry tras el incidente y que más tarde la propia cantante le ayudó a obtener la visa estadounidense, razón por la que mantuvo el secreto. Los medios australianos subrayan el tono de reproche con que Rose vinculó su denuncia al comentario de Perry sobre Bieber, calificándolo de irrelevante dado el historial de la artista.

La respuesta no se hizo esperar. A través de un portavoz, Perry tildó las acusaciones de «categóricamente falsas» y de «mentiras imprudentes y peligrosas». En Europa, la prensa germanoparlante destacó un matiz adicional: el equipo de la cantante señaló que Rose es conocida por lanzar graves acusaciones en redes sociales contra distintas figuras públicas. Este señalamiento busca enmarcar los hechos en un patrón de comportamiento y proteger la imagen de Perry en un momento en que su vida personal está bajo los focos precisamente por su relación con Trudeau y su presencia en el festival californiano.

La controversia entrelaza así escenarios de la cultura pop y la política internacional. Mientras la opinión pública en Norteamérica se debate entre la presunción de inocencia y la credibilidad de los testimonios de víctimas, analistas canadienses y estadounidenses apuntan al contraste entre la imagen lúdica que Perry proyectó en Coachella —bromeando sobre la suscripción premium de Bieber— y la seriedad de las imputaciones. El episodio reabre el debate sobre los límites del humor en redes y la responsabilidad de las figuras públicas cuando sus vidas privadas se convierten en tendencia global.

De cara al futuro, la ausencia de una denuncia judicial deja el asunto en el terreno de la reputación mediática. Para Perry, que intenta resituar su carrera musical tras un periodo de menor visibilidad, el daño potencial depende de cómo logre sostener su versión en un ecosistema digital que privilegia la indignación instantánea sobre la verificación, mientras la sombra de este señalamiento amenaza con empañar la renovada exposición que le ha brindado su vínculo con Trudeau.

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