Corea del Norte declara innegociable su armamento nuclear ante la visita de Xi
Kim Yo Jong, la hermana del líder norcoreano, califica de «sueño anacrónico» las aspiraciones de desnuclearización. La postura se endurece ante el primer viaje de Xi a Pyongyang en siete años.

En una declaración que sacude los frágiles equilibrios diplomáticos en el noreste asiático, Kim Yo Jong, hermana del líder norcoreano Kim Jong Un y una de las figuras más influyentes del régimen, afirmó que el estatus nuclear de Corea del Norte es “absolutamente innegociable” y calificó de “sueño anacrónico” cualquier esperanza de desnuclearización. Las palabras, difundidas por la agencia estatal KCNA, llegan en vísperas de la visita del presidente chino Xi Jinping a Pyongyang, la primera en casi siete años, y evidencian un endurecimiento de la postura de Pionyang ante las presiones internacionales.
La advertencia respondía a los comunicados de la Casa Blanca que, tras una reciente cumbre entre Washington y Pekín, señalaban la desnuclearización de Corea del Norte como un objetivo común. Kim Yo Jong tachó esas afirmaciones de “completa fabricación y falsa información” y recalcó que la Constitución norcoreana de 2023 blinda el carácter nuclear del Estado. Desde Seúl, analistas surcoreanos interpretan la declaración como un mensaje claro a Xi Jinping: el armamento nuclear no estará sobre la mesa.
La visita de Xi, que tendrá lugar entre el 8 y el 9 de junio, se produce en un momento de creciente complejidad geopolítica. Fuentes de inteligencia regionales señalan que el líder chino busca reafirmar su influencia sobre su tradicional aliado, que en los últimos años ha estrechado lazos con Moscú. Según observadores con sede en Pekín, Kim Jong Un practica una “diplomacia equidistante” entre China y Rusia, aprovechando la competencia entre ambas potencias para maximizar sus réditos estratégicos: de Rusia obtiene apoyo militar y energético, mientras que de China espera inversiones y alivio económico tras el impacto de las sanciones.
En paralelo, Corea del Norte exhibe su músculo naval. Kim Jong Un inspeccionó recientemente el destructor Kang Kon y anunció planes para desarrollar “armas submarinas secretas”, como parte de un ambicioso programa de modernización. La presencia de su hija, Kim Ju-ae, en el acto fue interpretada como un gesto de continuidad dinástica. Esta demostración de fuerza militar, combinada con el rechazo frontal al desarme, subraya la voluntad de Pionyang de consolidar su disuasión nuclear antes de cualquier diálogo.
De cara al encuentro, diplomáticos latinoamericanos con intereses en la región advierten que la cumbre Xi-Kim podría centrarse en la reactivación del turismo chino hacia el Norte, la apertura de corredores comerciales y la reanudación de proyectos económicos trilaterales con Rusia. Sin embargo, la desnuclearización, vista como un pilar de la estabilidad en la península, parece haberse desvanecido del horizonte negociador. La pregunta que sobrevuela las capitales es si Pekín podrá moderar al régimen de Kim sin comprometer su propio interés en un vecino que le sirve de colchón estratégico frente a la alianza estadounidense con Seúl y Tokio.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
El estatus nuclear de Corea del Norte se presenta como una realidad irreversible y no negociable. Las afirmaciones de Washington y Pekín sobre objetivos compartidos de desnuclearización son rechazadas como desinformación. Pyongyang sostiene que su capacidad atómica es el núcleo de su soberanía y no tolerará ninguna amenaza.
La desnuclearización de la península coreana es tachada por la hermana de Kim Jong Un de 'sueño anacrónico'. La declaración, lanzada pocas horas antes de la visita del presidente chino, suena como un desafío burlón y muestra la obstinación del régimen. Descarta todo diálogo, reiterando una postura inquebrantable que deja poco margen para la diplomacia.
El programa nuclear norcoreano se enmarca como un derecho soberano no negociable. Pyongyang no cederá 'ni un pelo' en sus capacidades defensivas, y la presión exterior es rechazada como injerencia en la seguridad nacional. El mensaje es claro: el poder atómico es la clave para preservar el equilibrio de fuerzas y la dignidad del país.
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