El Congreso desafía a Trump: crece la rebelión republicana por Irán y el gasto
Legisladores republicanos bloquean fondos y votan para retirar tropas de Irán, mientras aumentan las presiones electorales y las fisuras internas.

La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó una resolución para retirar las tropas estadounidenses del conflicto con Irán, con 215 votos a favor y 208 en contra, en una muestra del creciente malestar dentro del Partido Republicano. Cuatro legisladores republicanos se unieron a la oposición demócrata, desafiando directamente la política exterior del presidente Donald Trump. La votación, la primera de este tipo en la actual legislatura, desató una airada reacción del mandatario, quien calificó a los disidentes de “bad republicans” (republicanos malos) en la red social Truth Social, y tachó la resolución de intento insignificante por limitar sus poderes de guerra.
Este episodio no es un hecho aislado. En la última semana, varios bloques republicanos tanto en el Senado como en la Cámara han dado pasos para frenar iniciativas clave del Ejecutivo. Rechazaron una partida de mil millones de dólares vinculada a un salón de eventos en la Casa Blanca, obligaron a retroceder un fondo de 1.800 millones de dólares para “combatir la politización” de agencias estatales, y bloquearon una propuesta de ley sobre espionaje interno. Además, la Cámara aprobó un proyecto de asistencia a Ucrania y nuevas sanciones a Rusia, una medida que Trump amenaza con vetar. Estas acciones reflejan una disposición inédita entre los parlamentarios republicanos, tradicionalmente reacios a enfrentarse al presidente.
Desde Washington, analistas interpretan estas deserciones como un síntoma de las presiones electorales y del desgaste que genera la guerra en Irán. El ala más conservadora teme las consecuencias de un conflicto prolongado, mientras que los senadores próximos a retirarse —bautizados irónicamente como la “bancada YOLO”— han mostrado mayor independencia. En las capitales europeas, donde la escalada con Teherán despierta inquietud, la votación se observa como un posible dique a decisiones unilaterales de la Casa Blanca. Asimismo, en América Latina, la señal de un Congreso más asertivo alimenta la expectativa de que la política exterior estadounidense podría moderarse, algo relevante para las negociaciones comerciales y la cooperación regional.
A pesar de los actos de rebeldía, tanto republicanos como demócratas coinciden en que difícilmente se producirá un motín generalizado contra Trump, quien aún conserva un férreo control sobre la base del partido. No obstante, las fisuras podrían influir en la recta final hacia las elecciones de mitad de mandato y restar margen de maniobra al presidente en temas cruciales. Si la resistencia interna persiste, Irán podría encontrar en estas divisiones un resquicio para negociar un acuerdo más favorable, mientras que el programa doméstico del mandatario corre el riesgo de empantanarse. La capacidad de Trump para imponer su agenda dependerá, en gran medida, de si estos temblores se convierten en un terremoto político.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
La creciente rebeldía republicana contra Trump se plasma con senadores vulnerables que se distancian y una revuelta por los poderes de guerra en Irán. La agresiva campaña de deportaciones colapsa los tribunales de inmigración con errores y caos, y la amenaza de enviar agentes federales a los centros de votación se condena como intimidación de votantes contraria a los principios fundacionales.
La Cámara de Representantes votó retirar las tropas de Irán con cuatro republicanos rompiendo filas. Trump reaccionó airadamente calificándolos de «malos republicanos», traidores y enemigos. La votación se interpreta como una señal del creciente malestar en el partido por las consecuencias del conflicto.
Trump enfrenta una nueva ola de resistencia republicana en el Congreso; legisladores que durante mucho tiempo dudaron en desafiarlo muestran ahora mayor disposición a romper con el presidente. La semana pasada varios grupos de republicanos en Senado y Cámara dieron un paso al frente, señalando una fisura en el control de Trump sobre el partido.
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