Empate técnico en Perú entre Fujimori y Sánchez tras el balotaje
Los sondeos a pie de urna dan una mínima ventaja a la derechista, pero la diferencia está dentro del margen de error. La polarización y la inestabilidad marcan una cita que definirá al noveno presidente en una década.

Al cierre de las urnas en la segunda vuelta presidencial peruana, las encuestas a boca de urna dibujan un empate técnico entre la derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez. Según Ipsos, Fujimori obtendría el 50,7% de los votos frente al 49,3% de Sánchez; Datum reporta cifras similares: 50,53% contra 49,47%. Ambas mediciones están dentro del margen de error, por lo que no es posible declarar un ganador. La jornada transcurrió con relativa calma y una participación masiva de los 27 millones de electores convocados. Ahora, la atención se centra en el escrutinio oficial, que podría demorarse semanas y, dada la estrecha diferencia, derivar en un recuento voto a voto.
La contienda ha expuesto la profunda fractura que atraviesa la sociedad peruana. Fujimori, hija del autócrata Alberto Fujimori, carga con un legado divisivo: sus partidarios le atribuyen estabilización económica y derrota del terrorismo, mientras que sus opositores recuerdan violaciones de derechos humanos y corrupción. Sánchez, por su parte, se presenta como heredero del expresidente Pedro Castillo —encarcelado tras un fallido autogolpe en 2022—, y ha convertido el sombrero campesino en símbolo de su apuesta por el “Perú profundo”, rural y empobrecido. Analistas en São Paulo observan que ambos candidatos sufren altos niveles de rechazo, y muchos votantes acudieron a las urnas optando “por el mal menor”, como reflejaron crónicas desde Lima y el norte del país.
Estos comicios son el capítulo más reciente de una década de inestabilidad institucional. En diez años, Perú ha tenido ocho mandatarios; solo dos fueron elegidos en las urnas. El Congreso, con amplios poderes, ha destituido presidentes en repetidas ocasiones, mientras la corrupción y el avance del crimen organizado erosionan la confianza ciudadana. Desde Buenos Aires se advierte que el próximo mandatario, que asumirá el 28 de julio, deberá enfrentar no solo la inseguridad y la reactivación económica, sino también la construcción de gobernabilidad en un legislativo fragmentado y hostil. La agencia Fitch Ratings ha señalado que un triunfo de Fujimori impulsaría la inversión privada, mientras que una victoria de Sánchez generaría incertidumbre en los mercados.
La elección también tiene implicaciones regionales. En un contexto latinoamericano donde varios países han girado a la derecha, el resultado peruano podría consolidar esa tendencia o interrumpirla. Medios europeos destacan la polarización y el papel de figuras religiosas que llamaron a la moderación. Mientras, en las calles de Lima y el interior, la expectativa se mezcla con el escepticismo. Cualquiera que sea el ganador, gobernará un país agotado por la crisis, donde la legitimidad será tan frágil como el margen de votos que lo separe del adversario.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
El balotaje enfrenta a Fujimori y Sánchez en un clima de gran polarización, con el crimen y la inestabilidad institucional dominando las preocupaciones. Los sondeos a boca de urna muestran un empate técnico con leve ventaja para la candidata de derecha, mientras el país elige a su noveno presidente en una década.
La campaña está dominada por el sombrero de Sánchez, símbolo de la izquierda destituida, y por el voto resignado de quienes eligen a Fujimori como 'mal menor'. El choque entre dos extremos imperfectos se narra con distanciamiento irónico, entre cumbias y anécdotas callejeras.
Abren los colegios electorales para la segunda vuelta presidencial peruana, con una ajustada carrera esperada entre la conservadora Keiko Fujimori y el progresista Roberto Sánchez. El breve despacho señala el vínculo familiar con el ex autócrata y el pasado ministerial, sin añadir comentario.
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