Lammy confronta a Vance por vincular el asesinato de Nowak con migración
El viceprimer ministro británico le dijo personalmente al vicepresidente estadounidense que estaba equivocado, pues el homicida es británico y la familia rechaza la politización.

La disputa diplomática entre Londres y Washington escaló este fin de semana cuando el viceprimer ministro británico, David Lammy, comunicó personalmente al vicepresidente estadounidense J. D. Vance que estaba «equivocado» al vincular el asesinato del estudiante Henry Nowak con la política migratoria europea. En una conversación telefónica calificada de «robusta», Lammy subrayó que el homicida, Vickrum Digwa, es de nacionalidad británica y que la familia de la víctima ha solicitado que su muerte no sea instrumentalizada políticamente.
Vance había publicado en la red social X que Nowak, un joven blanco de 18 años, murió «como muere una civilización: abandonado, esposado por autoridades que no confiaban ni se preocupaban por él», culpando a una «invasión masiva de migrantes» del declive occidental. El comentario, que desde Washington algunos sectores defendieron como un ejercicio de franqueza discursiva, fue interpretado en Londres como una injerencia inaceptable en los asuntos internos británicos. Medios británicos revelaron que la Fiscalía británica había advertido a la policía que no emitiera comunicados durante el juicio para no comprometer el proceso, lo que agravó la percepción de opacidad.
El caso ha encendido tensiones latentes. Tras la condena a cadena perpetua de Digwa, de origen sij, se sucedieron protestas en Southampton — donde ocurrió el apuñalamiento — y al menos catorce personas han sido imputadas por desórdenes violentos. La difusión del video de la cámara corporal policial, en el que se ve a Nowak esposado mientras suplicaba ayuda, provocó indignación ciudadana y avivó las comparaciones con el caso de George Floyd. La prensa italiana, desde la óptica de Roma, presentó a Vance como un político racional que busca confrontar las contradicciones de las élites progresistas europeas, mientras analistas en Nueva Delhi señalaron que la instrumentalización del origen étnico del agresor ha fomentado una ola de ataques diarios contra la comunidad sij en todo el Reino Unido.
El trasfondo transatlántico revela fracturas más profundas. La amistad entre Lammy y Vance, forjada sobre convicciones religiosas compartidas, no impidió que el gobierno de Keir Starmer calificara las declaraciones de Vance como un intento de «interferir en nuestra democracia». Para analistas en América Latina, este episodio ilustra los riesgos del populismo digital cuando cruza fronteras y reaviva debates sobre raza, migración y credibilidad institucional. A medida que se acerca la vista judicial de los detenidos, la pregunta no es solo si las tensiones bilaterales se disiparán, sino si la cohesión social británica sobrevivirá a la siguiente tormenta mediática.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
El viceprimer ministro británico desafió directamente al vicepresidente estadounidense JD Vance por vincular el asesinato de un estudiante con la inmigración, calificando sus afirmaciones de erróneas. La disputa pone de relieve las tensiones entre EE.UU. y el Reino Unido sobre políticas migratorias y policiales.
La prensa europea defiende la crítica de JD Vance a las políticas de inmigración del continente, presentándolo como una voz racional contra la ortodoxia progresista. El caso de asesinato se ve como un síntoma de declive civilizatorio causado por la inmigración masiva y el correccionismo político.
La prensa india informa sobre la disputa entre el vicepresidente estadounidense y funcionarios británicos, señalando el lenguaje duro de Vance culpando a la inmigración y el rechazo británico. La cobertura permanece imparcial, centrándose en el altercado diplomático y los detalles del caso.
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