Ocho años de prisión en rebeldía para el redactor jefe de 'Дождь' por informar sobre la matanza de Bucha
Un tribunal de Moscú condenó a Tijon Dziadko a prisión, multa y prohibición de redes sociales por dos publicaciones sobre crímenes de guerra rusos y por eludir la ley de 'agentes extranjeros'.

Un tribunal del distrito Golovinski de Moscú condenó este martes en rebeldía al redactor jefe de la cadena independiente «Дождь» (TV Rain), Tijon Dziadko, a ocho años de reclusión en una colonia penitenciaria de régimen general por difundir «información falsa» sobre las fuerzas armadas rusas. La jueza dictó además una multa de 250.000 rublos y una prohibición de cuatro años para administrar sitios web, castigo sustancialmente inferior a los 5,9 millones de rublos que había solicitado la fiscalía. El proceso se fundamenta en dos publicaciones que Dziadko realizó en su canal de Telegram en 2022, en las que denunciaba el asesinato de civiles en Bucha e Irpén a manos de soldados rusos.
Desde la óptica del Kremlin, la sentencia encaja en la lógica de un sistema que persigue todo relato que contradiga la versión oficial del conflicto. La acusación sostuvo que los mensajes contenían «información deliberadamente falsa sobre actos violentos de militares rusos», como la destrucción de ciudades y los fusilamientos de civiles. A este cargo se sumó el incumplimiento de la ley de «agentes extranjeros» al no incluir el preceptivo etiquetado en sus publicaciones. Dziadko ya estaba en búsqueda y captura desde abril de 2025 y había sido arrestado en rebeldía en octubre, cuando las autoridades rusas lo incorporaron al listado de terroristas y extremistas.
En Europa, la condena refuerza la percepción de un cerco sistemático a la prensa independiente rusa. Bruselas y medios de comunicación como Reporteros sin Fronteras interpretan estos castigos como una herramienta para silenciar a las voces críticas, obligándolas a operar desde el exilio y bajo la amenaza penal permanente. Mientras, en América Latina, analistas subrayan el paralelismo con experiencias autoritarias de la región y advierten que la instrumentalización judicial de las leyes contra la «desinformación» erosiona el espacio cívico, un retroceso que también preocupa a las organizaciones de derechos humanos españolas.
El propio Dziadko restó trascendencia personal al castigo, declarando que «junto a 'Дождь' sigo haciendo mi trabajo; en cualquier caso, comparado con las tragedias diarias, esto es una minucia». Sin embargo, en otro mensaje calificó la sentencia de puro ritualismo: «Todo esto no tiene nada que ver ni con la ley ni con la justicia. La lógica de un sistema represivo es mantener el ceremonial, como en las elecciones sin candidatos independientes». Aunque la multa final fue muy inferior a la reclamada, la inhabilitación para administrar sitios de internet acentúa la exclusión digital de los periodistas rusos que informan desde fuera de sus fronteras.
La resolución judicial confirma que el espacio para la disidencia informativa dentro de Rusia sigue encogiéndose, al tiempo que consolida un modelo de represión extraterritorial por la vía de los procesos en ausencia. Con Dziadko residiendo fuera del país, la ejecución de la pena resulta inviable de momento, pero la marca penal perdura y dificulta cualquier retorno. A ello se añade el clima de constante presión que el propio canal describe cuando pide ayuda a su audiencia internacional para sostener una cobertura «honesta e independiente» de la realidad rusa.
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