Irán, obligado a preparar el Mundial en México y a entrar en EE UU solo el día de partido
La selección iraní se concentra en Tijuana bajo fuerte custodia, sin acceso a su sede prevista en Arizona. La guerra con Washington y el veto a 13 directivos marcan un desafío logístico y diplomático inédito en la historia del torneo.

La selección de Irán aterrizó el domingo en el aeropuerto internacional de Tijuana rodeada de un despliegue de seguridad sin precedentes para un equipo participante en un Mundial. Los jugadores no pusieron rumbo a Arizona, donde la federación había previsto su cuartel general, sino a un complejo en México desde el que deberán desplazarse a Estados Unidos exclusivamente en las jornadas de competición. Las imágenes de la llegada, difundidas por la propia federación iraní y reproducidas por medios latinoamericanos, mostraban a los futbolistas descendiendo del avión escoltados por soldados mexicanos, un prólogo insólito para una cita que arranca con el país anfitrión y un participante oficialmente en guerra.
Desde la óptica centroeuropea, la controversia ha escalado hasta el lenguaje de la injerencia política y el trato discriminatorio. El diario Neue Zürcher Zeitung recogió la indignación de Teherán después de que trece directivos de la delegación, señalados por sus vínculos con la Guardia Revolucionaria, vieran rechazados sus visados. La intervención del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, logró que los futbolistas pudieran entrar en territorio estadounidense para disputar los encuentros, pero la solución consagra una anomalía: Irán deberá abandonar el país inmediatamente después de cada pitido final. Analistas en Ciudad de México advierten de que la logística de entradas y salidas exprés, sumada a los entrenamientos a puerta cerrada, condiciona la preparación física y mental de un equipo ya golpeado por la suspensión de su liga doméstica a causa del conflicto.
En la prensa latinoamericana se ha puesto el foco en el video del viaje como un intento de proyectar normalidad. Las imágenes, captadas dentro del avión, muestran al delantero Mehdi Taremi leyendo un libro junto a sus compañeros y a otros miembros de la expedición viendo películas o realizando pruebas físicas. Esa aparente calma contrasta con el ruido diplomático y con la incertidumbre que, desde la óptica de Bruselas, se considera un lastre para el rendimiento en el Grupo G, donde esperan Nueva Zelanda, Bélgica y Egipto.
Analistas africanos y europeos coinciden en que la situación de Irán simboliza la complejidad política del primer Mundial organizado por tres naciones y ampliado a 48 selecciones. La prensa italiana ha contextualizado el caso dentro de un arranque empañado por disputas sobre premios económicos, seguridad y precios de las entradas. El equipo iraní afronta el torneo con la carga simbólica de ser el primer participante en la historia de la Copa del Mundo que prepara los partidos desde el país vecino de un anfitrión con el que mantiene hostilidades abiertas. El desarrollo deportivo dirá hasta qué punto los despachos han condicionado el césped.
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