Irán fija su base en Tijuana en un Mundial empañado por la guerra y los visados
Quince miembros de la expedición iraní se quedan fuera del torneo por las restricciones de Washington, y el equipo solo pisará suelo estadounidense los días de partido.

La selección de fútbol de Irán aterrizó la madrugada del domingo en el aeropuerto de Tijuana, México, para iniciar su preparación final para la Copa del Mundo de 2026, en un ambiente marcado por la tensión diplomática con Estados Unidos. El equipo, que realizó vuelo nocturno desde Turquía, fue recibido con fuerte dispositivo de seguridad, una veintena de aficionados con banderas iraníes y escolta militar hasta el hotel Marriott que servirá como su cuartel general. El cambio de planes era inevitable: ante la incertidumbre por los visados, Irán había trasladado su campo base original de Tucson, Arizona, a esta ciudad fronteriza mexicana, desde donde deberá desplazarse para sus tres partidos de grupo en territorio estadounidense.
El conflicto armado entre Washington y Teherán —que estalló en febrero de 2025 con ataques conjuntos de EE UU e Israel que causaron la muerte del líder supremo iraní— ha convertido este Mundial en un terreno minado para el fútbol y la diplomacia. Se trata de la primera edición en la que una nación anfitriona recibe a otra con la que está en guerra. Aunque los jugadores recibieron sus visas con apenas diez días de antelación, el gobierno de Estados Unidos denegó la entrada a 15 miembros del cuerpo técnico, administrativo y de apoyo. El embajador iraní en México, Abolfazl Pasandideh, confirmó que, además, el equipo solo podrá ingresar al país en las mañanas de los partidos y abandonarlo ese mismo día.
Las autoridades estadounidenses justificaron las restricciones con el argumento de impedir que «terroristas se cuelen en Estados Unidos bajo falsos pretextos». Irán, por su parte, calificó la medida de «la peor forma de injerencia política en el deporte» y anunció que llevará el caso ante FIFA. La polémica se extendió a los medios de comunicación: la Asociación Internacional de Prensa Deportiva denunció que numerosos periodistas iraníes y africanos han visto rechazadas sus solicitudes de visado, lo que compromete la cobertura informativa.
Analistas en Ciudad de México señalan que la presión sobre Gianni Infantino, presidente de FIFA, va en aumento. Aunque el organismo no controla las políticas migratorias, su promesa de acoger a todas las selecciones en «condiciones normales» queda en entredicho. Dentro de la concentración, el seleccionador Amir Ghalenoei agradeció a México y a la FIFA las facilidades, pero lamentó el retraso en la llegada, que impide una correcta adaptación al desfase horario de doce horas. La incertidumbre administrativa, sumada a la presión emocional por el conflicto bélico, será un obstáculo más para un equipo que aspira a competir en el mayor escenario deportivo.
Desde la óptica de Bruselas y Madrid, se observa con preocupación cómo la geopolítica contamina un evento que debía ser una fiesta global. México emerge como un actor mediador imprevisto, prestando su territorio para que el fútbol no se vea completamente secuestrado por la guerra. El partido inaugural está previsto para el 11 de junio, y el estreno de Irán, el 15 en Los Ángeles. Hasta entonces, Tijuana será la trinchera de una selección que juega dos partidos a la vez: en la cancha y en las cancillerías.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
Irán denuncia el rechazo de visados para su cuerpo técnico como una injerencia política que atropella los ideales deportivos, poniendo contra las cuerdas a la FIFA para que respete sus promesas. El episodio revela cómo las tensiones geopolíticas socavan la igualdad de condiciones en el Mundial.
Las restricciones de visado estadounidenses al personal iraní se presentan como una precaución de seguridad imprescindible para evitar que elementos hostiles se aprovechen del torneo. Se recalca la legitimidad de las salvaguardias frente a un Estado considerado adversario en guerra.
La llegada de la selección iraní a Tijuana pone de relieve cómo la hostilidad de Estados Unidos ha convertido el Mundial en un campo de batalla geopolítico. México emerge como anfitrión solidario que da refugio a un equipo atrapado en un conflicto bélico, mientras Washington impone duras restricciones de ingreso.
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