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Irán empleó un satélite espía chino para atacar bases de Estados Unidos en Oriente Medio

La Fuerza Aeroespacial de la Guardia Revolucionaria iraní adquirió en secreto el satélite TEE-01B a finales de 2024, obteniendo imágenes de alta resolución que guiaron ataques contra instalaciones militares estadounidenses.

Geopolítica11 medios6 idiomas3 min de lecturaActualizado 08:41

Irán empleó un satélite de observación chino, el TEE-01B, para guiar sus ataques con misiles y drones contra bases aéreas y centros logísticos de Estados Unidos en el Medio Oriente durante la reciente guerra. Según documentos militares iraníes filtrados a los que tuvo acceso el Financial Times, la Fuerza Aeroespacial del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica adquirió el dispositivo a finales de 2024, poco después de que fuera lanzado desde territorio chino por la empresa Earth Eye. El satélite ofrece una resolución de medio metro, muy superior a los 5 o 15 metros de los satélites previos de Irán, lo que permitió distinguir aeronaves, vehículos y pequeños elementos de infraestructura. Imágenes captadas los días 13, 14 y 15 de marzo sobre la base aérea Príncipe Sultán, en Arabia Saudita, precedieron el ataque iraní contra esa instalación el 14 de marzo. Los analistas en Madrid subrayan que este salto cualitativo en las capacidades de inteligencia iraníes transforma el equilibrio estratégico regional.

La trama de cooperación tecnológica no se limita al satélite. Fuentes de inteligencia estadounidenses citadas por la CBS revelaron que Pekín también ha sopesado entregar a Teherán radares de banda X, sistemas avanzados capaces de rastrear drones de vuelo bajo y misiles de crucero. De materializarse esa transferencia, Irán blindaría su defensa aérea frente a los ataques de precisión de Washington y sus aliados. Paralelamente, Moscú habría compartido información de inteligencia sobre posiciones militares norteamericanas, según las mismas fuentes. Desde la óptica de las capitales europeas, la confluencia de apoyo chino y ruso a Irán configura un eje de asistencia militar que difumina las líneas entre el comercio civil y la cooperación estratégica. El acuerdo para el TEE-01B se canalizó mediante contratos con la firma privada Earth Eye, pero analistas suizos y alemanes apuntan a que el Estado chino difícilmente ignoraba el destino final del satélite. Pekín ha negado esas acusaciones calificándolas de “completamente falsas”, mientras que el presidente Donald Trump envió una carta a Xi Jinping pidiéndole que no suministre ayuda militar a Irán.

La secuencia de hechos ha tenido lecturas divergentes según las regiones. En círculos de seguridad latinoamericanos, el episodio ilustra cómo la rivalidad entre grandes potencias se proyecta hacia otros teatros, amenazando la estabilidad de los flujos energéticos globales de los que dependen economías exportadoras de materias primas en la región. Analistas en Ciudad de México advierten que la normalización de la cooperación militar encubierta entre potencias revisionistas y estados desafiadores podría alentar dinámicas similares en otras zonas de tensión, como el mar de China Meridional o el Ártico. Desde la óptica de Moscú, en cambio, los medios rusos han reproducido los informes occidentales sin un encuadre crítico, lo que sugiere una tácita validación de la narrativa de que Irán está siendo equipado para contrarrestar la influencia estadounidense en Oriente Próximo.

De cara al futuro, la posibilidad de que Pekín entregue los radares de banda X a Teherán mantiene en vilo a los planificadores militares del Pentágono. La diplomacia estadounidense intenta contener la escalada con mensajes directos a las autoridades chinas, pero la negativa oficial de Beijing no ha disipado los temores. Para la Unión Europea, cuyas empresas lideran el mercado de satélites de observación terrestre, surge el desafío de evitar que tecnologías civiles de doble uso alimenten conflictos armados. Mientras tanto, la República Islámica consolida una nueva capacidad de vigilancia y precisión ofensiva que, sumada a la inteligencia proporcionada por Rusia, podría modificar las reglas del enfrentamiento asimétrico en una zona ya inflamable.

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