SpaceX se prepara para la OPV más grande de la historia mientras los mercados globales se estremecen
La inminente salida a bolsa de SpaceX, valorada en hasta 1,75 billones de dólares, coincide con un desplome tecnológico global avivado por el temor a tasas altas y retornos de la IA.

La jornada bursátil del viernes pasado dejó un reguero de pérdidas en los principales índices mundiales, con el Nasdaq Composite hundiéndose un 4,2% y el índice de semiconductores de Filadelfia cediendo un 10,4%. La chispa la encendieron dos eventos inesperados: un sólido informe de empleo en Estados Unidos que reavivó los temores a nuevas subidas de tipos por parte de la Reserva Federal, y una previsión trimestral de Broadcom por debajo de las elevadas expectativas del mercado. Pero en los círculos financieros de Nueva York y Zúrich se extendió una tercera preocupación: la próxima salida a bolsa de SpaceX, la compañía aeroespacial de Elon Musk, prevista para el 12 de junio, estaría drenando liquidez en un momento de máxima tensión para los activos de riesgo.
SpaceX se encamina a protagonizar la mayor oferta pública de la historia. Con una valoración que podría oscilar entre 1 y 1,75 billones de dólares—según fuentes de los mercados europeos y estadounidenses—, la operación convertirá a Musk en el primer billonario del planeta. La compañía planea colocar inicialmente 555 millones de acciones a un precio de 135 dólares cada una, lo que supone una captación de 75.000 millones de dólares. El goteo de capital hacia esta megacolocación ya se deja sentir: en plataformas de criptoactivos como Hyperliquid se negocian futuros perpetuos vinculados al precio previsto de la acción, una suerte de apuesta sintética que anticipa un apetito voraz por el papel de la empresa de cohetes reutilizables.
El temblor se propagó con fuerza por Asia. En Taiwán, los futuros del índice Taiex llegaron a caer más de 3.000 puntos en la sesión nocturna, un desplome récord que analistas de Taipéi calificaron como «la suma de todos los miedos» al combinarse ventas forzosas de margen, liquidaciones de inversores apalancados y salidas de capital extranjero. En Seúl, el índice Kospi, que había escalado más de un 90% este año impulsado por los fabricantes de chips, se vio sacudido por la corrección: un fondo cotizado del MSCI Corea se desplomó un 14% el viernes en Estados Unidos. En la India, los fondos de renta variable internacional llegaron a perder un 10% en una semana, y los gestores recomiendan cautela hasta que el Nifty 50 recupere niveles clave.
En Europa, el nerviosismo también cundió. Analistas en Zúrich observaban cómo las gestoras de activos privados —desde Partners Group hasta Blackstone— se veían obligadas a limitar los reembolsos de sus fondos ante la avalancha de peticiones de retirada. La coincidencia no es casual: el enorme apetito de capital de las firmas de inteligencia artificial y la inminente OPV de SpaceX están succionando recursos que antes fluían hacia las empresas tecnológicas tradicionales y los criptoactivos, que han caído con fuerza. El bitcoin, por ejemplo, retrocedió a su nivel más bajo desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.
El episodio combina dosis elevadas de fascinación por la exploración espacial y temor a una burbuja financiera. Mientras unos ven en Musk al «Colón de nuestra era», otros recuerdan el estallido de las puntocom en 1999, cuando el índice de semiconductores dibujó una parábola similar. La próxima semana será decisiva: si la liquidez sigue migrando hacia el debut bursátil de SpaceX y los inversores mantienen sus recelos sobre los rendimientos de la IA, los mercados podrían afrontar una corrección más profunda. Por ahora, el mundo mira hacia la plataforma de lanzamiento, pero también hacia los indicadores de volatilidad, que anticipan turbulencias prolongadas.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
La salida a bolsa de SpaceX se presenta como un momento colombino que abre nuevas fronteras financieras y espaciales. Con una valoración prevista de hasta 1,5 billones de dólares, es la mayor OPI de la historia y promete enriquecer incluso a los allegados de Trump. Los inversores ya pueden subirse a la ola mediante futuros perpetuos en plataformas de criptomonedas, mientras los mercados tradicionales sufren el drenaje de liquidez de este acontecimiento monumental.
Los mercados indios se contagian de la ola vendedora global en tecnología, con fondos mutuos de renta variable perdiendo hasta un 10% en una semana e inversores institucionales extranjeros retirándose. Los analistas recomiendan cautela y vender en los rebotes, mientras el Nifty lucha por recuperarse. Incluso la noticia de que Musk podría convertirse en el primer billonario gracias a SpaceX se interpreta más como una perturbación global que como un hito positivo.
La tormenta de los semiconductores golpea Tel Aviv con la fuerza de un desplome histórico: una acción de software israelí ha sido borrada del mapa, con una caída del 99% desde su máximo. La ola de ventas de chips, desatada por un dato de empleo estadounidense demasiado fuerte y el miedo a tipos altos, eliminó más de un billón de dólares en pocos días. El ambiente es crepuscular, la euforia de la IA se desinfla de golpe y la bolsa local se prepara para un lunes negro.
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