El bloqueo de Ormuz tensa la economía global y fractura a los aliados de Washington
Tras el colapso de las conversaciones de paz en Islamabad, Estados Unidos impuso un bloqueo naval a los puertos iraníes, avivando los temores de una crisis energética mundial y profundizando las divisiones con Europa y China.

La entrada en vigor del bloqueo naval estadounidense sobre el estrecho de Ormuz marca un punto de inflexión en la guerra con Irán. Después de que las negociaciones auspiciadas por Pakistán fracasaran durante el fin de semana, el presidente Donald Trump ordenó a la Armada interceptar todo buque que entre o salga de puertos iraníes, aunque la Casa Blanca aclaró que no impedirá el tránsito de terceros países por el estratégico paso. La medida, que comenzó a las 10 de la mañana hora de Washington, se produce en un contexto en el que el propio Irán ya había cerrado de facto el estrecho a la mayor parte del tráfico internacional, reduciendo los habituales 100-120 buques diarios a apenas tres o cuatro, según fuentes militares retiradas.
Las reacciones globales no se hicieron esperar y revelan un tablero diplomático cada vez más fragmentado. Desde Londres, el primer ministro británico Keir Starmer se negó a respaldar la operación y anunció que liderará una coalición de 40 naciones para forzar la reapertura del estrecho, condenando tanto el bloqueo iraní inicial como la respuesta unilateral estadounidense. En Pekín, el ministro de Defensa chino advirtió a Washington que no interfiera en sus relaciones comerciales con Teherán y aseguró que los buques chinos seguirán transitando la zona en virtud de acuerdos energéticos vigentes, una postura que ha elevado el riesgo de un choque directo entre ambas potencias. Mientras, en Islamabad, los mediadores paquistaníes aceleran las gestiones para una segunda ronda de conversaciones —posiblemente el jueves— antes de que expire el frágil alto el fuego.
El impacto económico se sintió de inmediato. Los precios del petróleo, que se habían disparado por encima de los 100 dólares el barril, retrocedieron levemente ante la esperanza de nuevas negociaciones, pero el flujo de crudo sigue gravemente perturbado. Analistas en Bruselas advierten que el cierre prolongado de Ormuz, sumado a la amenaza de que los hutíes yemeníes bloqueen el estrecho de Bab al-Mandab, puede desencadenar una crisis alimentaria global, ya que la interrupción del suministro energético encarece fertilizantes y transporte.
Desde el punto de vista del derecho internacional, expertos señalan que la legalidad del bloqueo es dudosa. Aunque Washington afirma que solo restringe los puertos iraníes y no toda la vía marítima, la libertad de navegación en estrechos internacionales es un principio fundamental que la acción estadounidense pone en entredicho, lo que abre la puerta a acusaciones de piratería, sobre todo después de que Trump amenazara con interceptar también a buques neutrales que hayan pagado peajes a Irán.
Estratégicamente, el bloqueo refleja un giro forzado ante el fracaso de la campaña de bombardeos y la constatación de que Teherán aún conserva capacidad de respuesta con misiles y lanchas rápidas. La apuesta de Trump por la asfixia económica busca debilitar a Irán de cara a la próxima ronda negociadora, pero el factor tiempo podría jugar en su contra: cuanto más se prolongue el cierre, mayor será la presión política y financiera sobre Washington y sus aliados. Como advierten fuentes diplomáticas en Oriente Medio, el verdadero riesgo no es solo el daño inmediato a la economía mundial, sino que una crisis tan prolongada convierta el enfrentamiento en un conflicto aún más amplio, con China y Europa redefiniendo sus alianzas en el tablero energético global.
Esta noticia ha aparecido en
21 medios · 4 idiomas · ventana 24 horas