Carney obtiene la mayoría parlamentaria que le permitirá gobernar sin oposición hasta 2029
Tras ganar dos elecciones parciales en Toronto, los liberales suman 173 escaños y cierran siete años de gobiernos minoritarios. La consulta en Quebec puede ampliar el margen.

Los liberales canadienses, liderados por el primer ministro Mark Carney, han conseguido este lunes la mayoría absoluta en la Cámara de los Comunes al imponerse en dos comicios parciales celebrados en sendos feudos del área metropolitana de Toronto: Scarborough Southwest y University-Rosedale. Las victorias de Doly Begum y de Danielle Martin —quien arrasó con cerca del 65 % de los votos— sitúan al partido en 173 escaños, uno más del umbral de 172 en un hemiciclo de 343 diputados. El salto se produce después de que una serie de tránsfugas conservadores, entre ellos Marilyn Gladu la semana pasada, hubieran ido engrosando las filas liberales. Queda pendiente el escrutinio en la circunscripción quebequense de Terrebonne, donde el Bloc Québécois disputó reñidamente al oficialismo; los resultados definitivos se conocerán este martes.
Carney, antiguo gobernador del Banco de Inglaterra, asumió el poder hace un año tras una sorprendente victoria en las urnas que, sin embargo, solo le otorgó un gobierno en minoría. Desde entonces gobernó sin el tradicional pacto de suministro y confianza con el Nuevo Partido Democrático —que sí había atado a su predecesor Justin Trudeau— y maniobró gracias a las sucesivas deserciones de diputados opositores, que alcanzaron cinco en total. La mayoría parlamentaria, la primera para los liberales desde 2015, cierra siete años de ejecutivos frágiles y le permitirá aprobar leyes sin apoyos externos, blindando su agenda y aplazando la cita electoral hasta octubre de 2029, en un momento de fuertes tensiones comerciales con Estados Unidos.
Desde la prensa quebequense se subraya la indiferencia con que se recibió el recuento en un restaurante de Terrebonne, reflejo de un hartazgo ciudadano y de la previsibilidad del desenlace en las plazas torontonianas. En cambio, los analistas anglófonos de Toronto interpretan el desenlace como un «golpe al cuerpo» para la oposición conservadora, cuyo líder Pierre Poilievre ve cómo las fugas de parlamentarios —calificadas de «moralmente repulsivas» por el exministro Peter MacKay— debilitan su posición. Algunos columnistas conservadores añaden que la mayoría consagra un pragmatismo desprovisto de principios, mientras que desde Asia, el South China Morning Post destaca que Carney dispone ahora de manos libres para consolidar su liderazgo y reorientar la economía canadiense frente a la amenaza arancelaria de Washington, un ángulo que en Bruselas y América Latina se observa con atención por sus implicaciones en la gobernanza de las democracias comerciales.
Con la legislatura asegurada hasta el final de la década, el primer ministro dispone de margen para impulsar reformas que reestructuren un modelo productivo muy expuesto a su vecino del sur. La agenda incluirá probablemente medidas de defensa —un expediente que suscita escepticismo entre los aliados de la OTAN, como apuntan medios canadienses— y políticas sociales que hasta ahora estaban condicionadas por la necesidad de negociar con la izquierda. La incógnita es si esta mayoría, aunque ajustada, le permitirá sortear las turbulencias de una oposición fragmentada y las presiones de un Partido Conservador que, como advertía el propio MacKay, necesitará redoblar esfuerzos para recuperar la iniciativa.
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