Capturas en Georgetown y Bangkok evidencian la eficacia de la cooperación transfronteriza
Dos fugitivos, un brasileño buscado por la Interpol y un japonés acusado de fraude masivo, fueron detenidos en operaciones simultáneas en Sudamérica y Asia, reflejando la creciente cooperación policial internacional.

La noche del viernes 5 de junio de 2026, en una operación coordinada entre la Policía Civil del estado brasileño de Pará, la Policía Federal y las autoridades de Guyana, fue detenido en Georgetown un ciudadano brasileño sobre quien pesaba una orden de captura internacional. El individuo figuraba en la lista de Difusión Roja de Interpol, requerido por la justicia paraense por su presunta participación en un violento asalto ocurrido en el municipio de Tailândia en 2025, donde se empleó grave amenaza y privación de libertad contra las víctimas. Los investigadores identificaron al detenido como integrante de un grupo criminal y, tras su arresto, fue transferido esa misma noche a Belém a bordo de una aeronave de la Policía Federal, quedando a disposición judicial.
El despliegue, denominado “Operación Longa Manus”, contó con el respaldo de la Interpol y fue calificado por analistas en seguridad latinoamericanos como un ejemplo de la maduración de los mecanismos de cooperación regional en la lucha contra el crimen organizado. La localización del fugitivo en territorio guyanés, un país con el que Brasil comparte una extensa y porosa frontera amazónica, había sido posible gracias al intercambio de información en tiempo real y a la activación de la alerta roja internacional. Fuentes próximas a la investigación detallaron que el sospechoso se había refugiado en la capital guyanesa con la intención de eludir a las autoridades.
Apenas unas horas después, a miles de kilómetros de distancia, la policía tailandesa anunciaba en Bangkok la detención de un hombre japonés de 38 años, presunto líder de un grupo de fraude especializado que operaba desde la ciudad camboyana de Poipet. El sospechoso, para quien la justicia nipona había emitido una orden de arresto, está acusado de haber estafado a víctimas en Japón por un monto de varios miles de millones de yenes, haciéndose pasar por agente de policía. Según las autoridades tailandesas, también se le investiga por blanqueo de capitales y reclutamiento de miembros para la organización. El detenido, que en los últimos años había entrado y salido de Tailandia en 69 ocasiones, será extraditado a Japón a finales de este mes.
Desde la óptica de Bruselas, donde la cooperación judicial y policial es un pilar de la integración europea, estos casos subrayan cómo los instrumentos de colaboración transfronteriza —ya sea mediante Interpol o acuerdos bilaterales— se están consolidando también en otras regiones. Analistas en Ciudad de México señalan que, en un contexto de creciente movilidad criminal, la agilidad en la ejecución de órdenes de detención internacionales se vuelve crucial. La coincidencia de estas capturas en extremos opuestos del planeta no solo refleja la capacidad de respuesta de las fuerzas de seguridad, sino que anticipa una tendencia hacia una mayor eficacia en la persecución de delitos transnacionales, siempre que se mantengan los canales de comunicación y confianza entre los Estados.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
Un prófugo brasileño, integrante de un grupo delictivo implicado en robos y torturas en el estado de Pará, fue capturado en Guyana mediante la cooperación entre la Policía Federal, Interpol y las autoridades locales. Incluido en la lista roja de la Interpol, fue extraditado para enfrentar los cargos en Brasil.
La policía tailandesa detuvo a un ciudadano japonés de 38 años sospechoso de dirigir una red de fraude telefónico con base en Camboya, que causó pérdidas de varios miles de millones de yenes. El sospechoso, que se hacía pasar por oficial de policía para engañar a las víctimas en Japón, será extraditado en las próximas semanas bajo una orden de captura japonesa.
Esta noticia ha aparecido en
5 medios · 3 idiomas · ventana 24 horas