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Begoña Gómez, al borde del banquillo en plena gira de Sánchez por China

El juez Peinado propone juzgar a la esposa del presidente español por cuatro delitos mientras Sánchez busca en Pekín el respaldo de Xi Jinping frente a la deriva proteccionista de Trump.

Geopolítica5 medios2 idiomas3 min de lecturaActualizado 09:49

La decisión del magistrado Juan Carlos Peinado de dar por cerrada la investigación y enviar a Begoña Gómez ante un jurado popular cayó como un mazazo en Moncloa. La esposa del presidente del Gobierno español se enfrenta a acusaciones por malversación, tráfico de influencias, corrupción en los negocios y apropiación indebida, delitos que según el auto habría cometido al aprovechar el ascendente de su marido para tejer una red de patrocinios privados en la Universidad Complutense y para intentar apropiarse de un software de titularidad pública. La resolución, conocida mientras Sánchez y Gómez se encontraban de viaje oficial en China, describe un «aprovechamiento» de los circuitos de élite que sólo el poder presidencial podía franquear.

La indignación se desató de inmediato en el entorno del presidente. Fuentes gubernamentales denunciaron la «coincidencia» con los desplazamientos internacionales del jefe del Ejecutivo y dejaron entrever que el juez hace política con los tiempos procesales. El propio Sánchez, en una comparecencia telegráfica desde Pekín, se limitó a repetir su consigna de estos dos años: «Lo que le pido a la justicia es que haga justicia». Mientras, las defensas de la investigada advierten de un riesgo de nulidad por las contradicciones de un auto que, al mismo tiempo que propone el juicio, solicita nuevas diligencias. El pulso entre el poder judicial y el Gobierno vuelve a tensar la polarización española, con la derecha alentando el escándalo y la izquierda denunciando una campaña de acoso político.

Al otro lado del mundo, la escena era radicalmente distinta. En el Gran Palacio del Pueblo de Pekín, una caravana de delegaciones diplomáticas se sucedía ante Xi Jinping. El líder chino recibió a Sánchez con una calidez calculada para lanzar un mensaje geopolítico: «China y España son países de principios que actúan con rectitud moral, y ambos están dispuestos a situarse del lado correcto de la historia». Rechazó además el «retorno a la ley de la selva» en alusión directa a las guerras comerciales promovidas por Donald Trump. La sintonía exhibida por ambos mandatarios contrastó con la fragilidad doméstica del presidente español, una dualidad que no pasó inadvertida para los analistas internacionales.

Desde la óptica europea, la inestabilidad de un socio clave del sur de la UE en plena reconfiguración del orden comercial resulta inquietante. Observadores latinoamericanos, por su parte, reconocen en el caso un eco de los escándalos de nepotismo que tantas veces han sacudido a las élites presidenciales de la región, con procesos que suelen oscilar entre la rendición de cuentas y la instrumentalización judicial. A la espera de que los tribunales decidan si Gómez se sienta finalmente en el banquillo, la causa ya es un arma arrojadiza en la batalla por la opinión pública. La suerte del Gobierno minoritario de Sánchez podría depender tanto de la fortaleza de su alianza con Pekín como de la credibilidad con que su esposa consiga desmontar ante el jurado las acusaciones del juez Peinado.

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Australian Broadcasting Corporation (ABC)
South China Morning Post (SCMP)
El País
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