Trump inicia el bloqueo naval del estrecho de Ormuz y amenaza con hundir barcos iraníes
Tras el colapso de las negociaciones de paz en Islamabad, la marina estadounidense impide el tráfico hacia puertos iraníes. China advierte contra injerencias, el Reino Unido se desmarca y el precio del petróleo se convulsiona.

El bloqueo naval estadounidense del estrecho de Ormuz entró en vigor este lunes, apenas horas después de que las conversaciones indirectas entre Washington y Teherán fracasaran estrepitosamente en Pakistán. El presidente Donald Trump ordenó a la Quinta Flota interceptar cualquier buque con destino u origen en puertos iraníes y advirtió de que las lanchas rápidas de la Guardia Revolucionaria que se aproximaran serían “eliminadas de inmediato”. La Casa Blanca justificó la medida como respuesta a la “extorsión” que supone el peaje impuesto por Irán a los mercantes durante las últimas semanas, pero el movimiento convierte de facto a Estados Unidos en un actor más del estrangulamiento de una vía por la que transita habitualmente un tercio del crudo mundial. En las primeras horas de la operación, el tráfico diario se desplomó de entre 100 y 120 buques a apenas tres o cuatro, según fuentes militares retiradas citadas por la prensa australiana.
Desde Londres, el primer ministro Keir Starmer se desvinculó con claridad de la iniciativa y anunció que el Reino Unido “no apoya el bloqueo” y no se dejará “arrastrar” a la guerra. En una declaración ante el Parlamento, Starmer precisó que convocará a cuarenta naciones para forzar la reapertura del estrecho, al tiempo que condenó la acción inicial iraní que cerró la ruta. La respuesta más contundente, sin embargo, llegó desde Pekín. El ministro de Defensa chino, el almirante Dong Jun, advirtió de que los buques de su país seguirán operando en la zona en virtud de los acuerdos energéticos y comerciales con Teherán, y exigió que “otros no interfieran en nuestros asuntos”. Analistas en las capitales asiáticas interpretan el desafío como un intento de Washington de arrastrar a terceros países a sumarse a la campaña de presión, pero la firmeza china eleva el riesgo de un incidente naval de consecuencias imprevisibles.
La legalidad del bloqueo es más que dudosa. Expertos en derecho internacional consultados por la prensa británica recuerdan que la libertad de navegación por los estrechos internacionales constituye uno de los pilares de la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Al interceptar barcos neutrales que hayan pagado el peaje iraní, Estados Unidos se expone a acusaciones de piratería y puede estar sentando un precedente que debilite el orden marítimo global. Paralelamente, la administración Trump parece haber abandonado —al menos temporalmente— la vía exclusivamente militar. Tras seis semanas de bombardeos junto a Israel que no doblegaron a la República Islámica, el bloqueo representa un giro hacia la asfixia económica, aunque analistas en publicaciones financieras advierten de que el cierre prolongado de Ormuz multiplica la presión también sobre los aliados de Washington, reforzando la mano negociadora iraní.
Los mercados reflejan la ansiedad. El barril de Brent saltó más de un 4% en la sesión previa al bloqueo para luego retroceder por debajo de los 100 dólares cuando surgieron señales de una posible reanudación de las conversaciones. Pakistán ha intensificado sus gestiones diplomáticas para sentar a ambas partes antes de que expire el alto el fuego, mencionándose Ginebra como alternativa a Islamabad. Mientras tanto, desde Madrid, diarios como El Mundo y La Vanguardia reportan que mediadores paquistaníes buscan una segunda ronda de contactos “muy pronto”, aunque la retórica de Trump —que asegura que Teherán quiere un acuerdo “a cualquier precio”— siembra dudas sobre la sinceridad negociadora de la Casa Blanca.
El temor a un contagio regional añade otra capa de incertidumbre. Si el bloqueo se prolonga, los hutíes yemeníes, aliados de Irán, podrían replicar la estrategia en el estrecho de Bab al-Mandab, conocido como la “Puerta de las Lágrimas”, un corredor vital para las exportaciones saudíes. Con dos chokepoints cerrados, la economía global se enfrentaría a una tormenta perfecta que ningún actor parece capaz de desactivar en solitario. La guerra de desgaste apenas comienza su capítulo marítimo.
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