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Washington media acuerdo histórico entre Líbano e Israel para desarmar a Hezbolá

El pacto, alcanzado el 4 de junio en la capital estadounidense, prevé la retirada israelí de localidades ocupadas y el despliegue del ejército libanés en 'zonas piloto', pero enfrenta el rechazo frontal del grupo chií.

Geopolítica4 medios2 idiomas3 min de lecturaActualizado 06:18

El 4 de junio, tras semanas de negociaciones en Washington bajo mediación estadounidense, Líbano e Israel alcanzaron un acuerdo que sus firmantes califican de histórico. Por primera vez, ambas partes declaran explícitamente la ausencia de intenciones hostiles mutuas y se comprometen a desarmar a las entidades armadas no estatales, en una referencia inequívoca a Hezbolá. El pacto incluye la retirada gradual de las fuerzas israelíes de las aldeas ocupadas en el sur del Líbano y su reemplazo inmediato por el ejército libanés, según se desprende de los comunicados conjuntos.

Un eje central del plan es la creación de ‘zonas piloto’, áreas donde solo las fuerzas armadas oficiales libanesas podrán portar armas y realizar inspecciones, según detalló el general retirado Bassam Yassine. El objetivo es garantizar que únicamente queden arsenales bajo control estatal. Sin embargo, desde Teherán, la agrupación chií ha rechazado de plano la propuesta. Hezbolá insiste en que la resistencia armada continuará mientras haya “ocupantes” en territorio libanés, lo que plantea un obstáculo mayúsculo para la implementación del acuerdo.

La firma estuvo precedida por una escalada de tensiones. En los días previos, Israel había amenazado con bombardear los suburbios del sur de Beirut si Hezbolá atacaba asentamientos fronterizos. La intervención del presidente libanés ante Washington fue clave para frenar las hostilidades: el entonces presidente estadounidense, Donald Trump, obtuvo del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, la promesa de no atacar dichos barrios a cambio de que Hezbolá se abstuviera de lanzar ofensivas contra las aldeas colindantes. Este frágil equilibrio permitió avanzar en el diálogo.

En Beirut, la viabilidad del acuerdo genera escepticismo. Hezbolá no solo se niega a negociar con Israel, sino que considera cualquier desarme como una línea roja. Analistas locales advierten que la aplicación forzosa de las zonas piloto podría desencadenar disturbios internos, especialmente entre las bases de apoyo del partido-milicia. En Washington, los centros de decisión estudian mecanismos para ayudar al Estado libanés a llevar a cabo esta espinosa tarea, conscientes de que el proceso debe ser gradual para no desestabilizar el país.

Desde una óptica más amplia, el general retirado Mark Kimmitt, ex asistente del secretario de Defensa estadounidense, expresó en una entrevista su temor a que el intento de desarmar a Hezbolá provoque una guerra civil en el Líbano. Kimmitt señaló que ni Estados Unidos ni Irán han logrado sus objetivos estratégicos finales en la región y que, si bien la reciente entrega de armas por parte de facciones iraquíes es un primer paso alentador, la realidad libanesa resulta mucho más volátil.

El acuerdo de Washington representa, sobre el papel, un avance diplomático sin precedentes. No obstante, su éxito dependerá de la capacidad de las partes para transformar los principios en hechos sobre el terreno. La comunidad internacional observa con atención cómo Líbano intenta recuperar el monopolio de la fuerza sin desatar una crisis interna que podría tener repercusiones en todo el Oriente Medio.

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El acuerdo entre Líbano e Israel mediado por Estados Unidos se considera histórico pero prácticamente inviable. Un antiguo alto oficial estadounidense advierte de que ni Washington ni Teherán han alcanzado sus objetivos estratégicos y de que el riesgo de una guerra civil en Líbano es real porque Hizbulá rechaza el desarme. Los círculos decisorios estadounidenses buscan formas de ayudar a Beirut, pero la empresa parece casi imposible.

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Líbano está cautivo del control miliciano, lo que hace extremadamente difícil una salida negociada. Mientras continúan las reuniones bajo los auspicios estadounidenses, Israel escala antes de cada ronda, y solo la intervención del presidente libanés ante Washington detuvo los devastadores ataques sobre los suburbios del sur de Beirut a cambio de una tregua de Hizbulá en las aldeas fronterizas. La calma temporal no puede ocultar la crisis de un Estado rehén de un grupo armado.

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La propuesta estadounidense de 'zonas piloto' en el sur del Líbano es un intento de imponer una realidad que margina a la resistencia. Hizbulá, como fuerza decisiva, ha rechazado cualquier acuerdo que deje al ejército libanés como única presencia armada mientras continúa la ocupación. La resistencia reafirma que sus operaciones no cesarán hasta que todos los ocupantes se retiren del territorio libanés.

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