Trump impone bloqueo naval en Ormuz tras fracaso de las negociaciones con Irán
La Armada de EE.UU. impide el acceso a puertos iraníes mientras China advierte contra interferencias, el Reino Unido se desmarca y Pakistán media para evitar una escalada bélica.

El bloqueo estadounidense del estrecho de Ormuz entró en vigor el 13 de abril de 2026, horas después de que fracasaran en Islamabad las negociaciones de alto el fuego entre Washington y Teherán. La orden presidencial autoriza a la Armada a interceptar todo buque con destino u origen en puertos iraníes, y Donald Trump amenazó con “eliminar” cualquier nave iraní que se aproxime. Aunque Irán ya había restringido el tráfico en la vía desde el inicio de la guerra, esta nueva fase de asedio económico reduce el flujo de petroleros a apenas tres o cuatro al día, frente a los más de cien habituales, según datos citados por analistas de defensa. Teherán calificó la medida de piratería y advirtió de represalias.
Las conversaciones en Pakistán, mediadas por el primer ministro Shehbaz Sharif, se prolongaron más de 21 horas sin acuerdo. El vicepresidente estadounidense J.D. Vance señaló que Irán mostró cierta flexibilidad, pero insuficiente. Trump, por su parte, aseguró que Teherán “quiere un acuerdo a toda costa”. El bloqueo representa un giro estratégico: tras seis semanas de bombardeos conjuntos con Israel que no lograron doblegar al régimen iraní, la Casa Blanca apuesta ahora por la asfixia económica para forzar concesiones. Sin embargo, desde círculos analíticos en Londres y Sídney se advierte que el cierre prolongado del estrecho fortalece la posición negociadora de Irán, ya que la presión sobre la economía global aumenta cada día.
La decisión ha fracturado a los aliados tradicionales. El primer ministro británico, Keir Starmer, se negó a respaldar el bloqueo y anunció la convocatoria de 40 naciones para exigir la reapertura del paso, aunque reiteró su condena al bloqueo inicial iraní. Pekín fue más allá: el ministro de Defensa chino, almirante Dong Jun, lanzó una advertencia directa a Washington para que no interfiriera en sus relaciones comerciales y energéticas con Irán, y confirmó que los buques chinos continuarían navegando por la zona. Al menos dos petroleros con bandera china habrían sido forzados a desviarse, según informes regionales. Juristas internacionales consultados por medios europeos y norteamericanos cuestionan la legalidad del bloqueo, al vulnerar el principio de libertad de navegación en estrechos internacionales.
El impacto económico ya se siente: los precios del crudo Brent, que habían superado los 100 dólares, cayeron por debajo de esa barrera ante las esperanzas de nuevas conversaciones, aunque la volatilidad persiste. Pakistán redobla esfuerzos para que las partes regresen a la mesa antes de que expire el frágil alto el fuego, con Ginebra como posible sede alternativa. Mientras, crece el temor a una extensión del conflicto al estrecho de Bab al-Mandab, donde los hutíes yemeníes, aliados de Irán, podrían atacar el tráfico marítimo en represalia por el bloqueo. La superposición de crisis —energética, alimentaria y de seguridad— dibuja un escenario en el que la diplomacia se mide por horas, y en el que cada movimiento táctico puede desencadenar una conflagración de alcance imprevisible.
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