Spielberg cierra su trilogía alienígena con un filme que divide a la crítica global
El regreso del director a los extraterrestres oscila entre la nostalgia y el desencanto en Europa, mientras que en otras latitudes se rescatan sus destellos de encanto.

Steven Spielberg estrena «Disclosure Day», la pieza que, según sus propias palabras, completa la trilogía iniciada con «Encuentros en la tercera fase» (1977) y «E.T., el extraterrestre» (1982). La cinta retoma una vieja convicción del cineasta: la vida más allá de la Tierra no es un sueño infantil sino una posibilidad que las estructuras de poder ocultan. Spielberg se inspiró en una investigación del New York Times y en décadas de cultura ufológica para imaginar a una presentadora del clima interpretada por Emily Blunt, quien descubre que el gobierno estadounidense guarda desde hace casi ochenta años las pruebas del contacto alienígena.
Desde París, el sociólogo de las ciencias Pierre Lagrange descifra la fascinación spielbergiana como una evolución de nuestras relaciones con la ciencia y la autoridad. Sin embargo, la recepción europea ha sido predominantemente severa. Medios franceses sostienen que «hay que apreciar mucho a Spielberg para que guste un poco» el filme, y lo consideran muy por debajo de sus mayores logros. En Italia, la crítica tilda la cinta de «supermercado de barrio con productos rancios», una suerte de E.T. sin maravilla, anclada en la estética de los setenta. La prensa sueca describe un relato «sin sustancia» en el que el director parece perdido entre conspiraciones, seres espaciales y pianos sentimentales.
Del otro lado del Atlántico, las voces anglosajonas matizan ese desencanto. Mientras la prensa británica celebra una aventura «divertida y sentimental» que deja sin aliento y en la que Blunt resplandece, el análisis estadounidense interpreta la obra como una alegoría esperanzadora: Spielberg no ha renunciado a la fe en la humanidad ni siquiera en tiempos de crispación. En Brasil se reconoce que el director busca el encanto de sus clásicos, aunque con resultados desiguales; en Indonesia, en cambio, se la ha calificado como su mejor película en dos décadas, valorando el pulso entre verdad y poder.
El estreno en Roma, con la imagen del tráiler proyectada sobre la Piazza della Repubblica, confirma que la maquinaria de Hollywood aún confía en el nombre del realizador de 79 años. Pese a las críticas divididas, «Disclosure Day» funciona como testamento de una obsesión personal que ya es patrimonio de la cultura de masas. El filme cierra un ciclo, pero sobre todo revela la fractura entre un público europeo que lee repetición donde el público norteamericano y asiático todavía encuentra capacidad de asombro. Spielberg, fiel a su mirada casi infantil, se enfrenta al desafío de envejecer sin que su cine deje de interrogar el cielo.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
La nueva película alienígena de Spielberg es recibida con escepticismo e ironía: una sopa sin sustancia, la obra de un director anclado en los recuerdos de su infancia, incapaz de recuperar la magia de antaño. Se compara el envejecimiento de su cine con un viejo supermercado polvoriento, donde los productos en los estantes saben a rancio.
La película se lee como una alegoría del momento actual: Spielberg no ha abandonado la esperanza por la humanidad y utiliza la ciencia ficción alienígena para comentar los problemas políticos y sociales de nuestro tiempo. En lugar de un retroceso nostálgico, la obra revela a un director todavía capaz de transmitir mensajes oportunos y reflexivos.
La película revela un enorme secreto del universo oculto por las autoridades mundiales durante décadas: una lucha entre la verdad y los intereses del poder. Es un thriller de ciencia ficción que advierte sobre lo que podría suceder si la verdad sobre los extraterrestres saliera finalmente a la luz.
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