Robo de película en Nápoles: los asaltantes toman 25 rehenes y huyen por las cloacas
Un comando armado saqueó decenas de cajas de seguridad de una sucursal del Crédit Agricole en el Vomero y se esfumó por un túnel de la red de saneamiento, sin que la policía pudiera interceptarlos.

La imagen de los bomberos reventando con un ariete las lunas de la oficina bancaria mientras un puñado de rehenes saltaba entre cristales rotos resume la espectacularidad del atraco que este jueves paralizó el barrio napolitano de Arenella. Al menos tres o cuatro hombres armados, con el rostro cubierto por pasamontañas y máscaras de actores de Hollywood, irrumpieron en la sede del Crédit Agricole en plaza Medaglie d’Oro poco antes del mediodía y tomaron como escudo humano a 25 clientes y empleados. Lejos de los estereotipos agresivos, varios de los secuestrados describieron a los ladrones como «casi amables», con acento napolitano y dueños de una frialdad que les permitía bromear sobre la superstición del viernes 17: «Vinimos hoy porque mañana es el día de la mala suerte». El verdadero objetivo no estaba en la caja: la banda se dirigió directamente al sótano blindado y vació decenas de compartimentos de las cajas de seguridad privadas.
Mientras las fuerzas especiales del GIS italiano se trasladaban en helicóptero desde Livorno, el comando ejecutó su plan de fuga con una precisión que los medios locales no dudaron en calificar de «trabajo de película». Taladraron un boquete en el pavimento y accedieron a la red de alcantarillado, desapareciendo antes de que el edificio fuera completamente asaltado. Desde la óptica de Roma, la hipótesis de que hubiera una talpa interna —una «mole» que conocía las vulnerabilidades de la sucursal— se convirtió en la línea prioritaria de investigación. Analistas en Buenos Aires y Santiago de Chile han recordado episodios casi idénticos: los «boquetes» —túneles cavados desde desagües hasta bóvedas— constituyen una tecnología criminal transatlántica con ecos en el «robo del siglo» argentino de 2006 y en asaltos frustrados a bancos en Bogotá.
El desenlace dejó tras de sí un reguero de angustia. Cientos de propietarios se agolparon frente a la sucursal para verificar si sus bienes habían sido saqueados, en escenas que mezclaban la indignación con el llanto. «Allí estaban los recuerdos de toda una vida familiar —relató una víctima a la prensa—; hemos perdido más que dinero». La cifra del botín sigue sin cuantificarse porque solo cada titular conoce el contenido de su caja. Paralelamente, la peculiaridad cultural napolitana transformó el suceso en una cábala: los jugadores de lotería empezaron a apostar números asociados a la «banda del buco», confirmando que el eco popular del delito es tan profundo como el túnel utilizado por los fugitivos.
Las pesquisas continúan con la búsqueda de los prófugos y la certeza de que el asalto había sido meticulosamente planificado durante semanas. Que un comando reducido haya logrado reventar decenas de compartimentos blindados y desaparecer sin dejar rastro plantea interrogantes sobre la seguridad de las sucursales bancarias en el sur de Italia. Las autoridades han prometido revisar protocolos, pero la sensación que se extiende desde el Vomero hasta los corrillos de la prensa española es la de una operación que, por su limpieza quirúrgica y su desenlace, se asemeja más al guion de una serie de televisión que a un crimen improvisado. La sombra de la Camorra, sin embargo, aún no ha sido invocada oficialmente, aunque la experiencia histórica en Nápoles sugiere que un robo de semejante envergadura rara vez ocurre sin la complicidad del crimen organizado.
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