Maine aprueba la primera moratoria estatal a los centros de datos de IA en Estados Unidos
La legislatura dio luz verde a una pausa hasta 2027 para evaluar el impacto eléctrico y ambiental; la gobernadora condiciona su firma a eximir un proyecto de 550 millones de dólares.

El estado de Maine se ha convertido en el primero de Estados Unidos en aprobar una moratoria legislativa sobre la construcción de grandes centros de datos, una medida que refleja el creciente malestar social y político ante el voraz consumo energético de la inteligencia artificial. La ley, que aún debe ser promulgada por la gobernadora demócrata Janet Mills, prohíbe temporalmente las aprobaciones para instalaciones que requieran más de 20 megavatios de potencia hasta octubre de 2027. Durante ese período, un consejo estatal analizará el impacto de estas infraestructuras en la red eléctrica, las facturas de los consumidores y el medio ambiente. La gobernadora, favorable al principio de la moratoria, ha solicitado sin embargo una exención para un proyecto de reconversión de una antigua fábrica de papel, valorado en unos 550 millones de dólares, lo que mantiene la decisión final en un delicado equilibrio entre el control público y la atracción de inversiones.
La votación en la Cámara de Representantes (79-62) y en el Senado (21-13) marca un punto de inflexión en un país donde al menos una docena de estados habían intentado sin éxito imponer pausas similares. Desde la óptica de los analistas en Washington, el caso de Maine ilustra cómo la resistencia local ha logrado superar los bloqueos legislativos que anteriormente frustraron iniciativas en otros territorios. Mientras tanto, los ejecutivos de la industria de centros de datos, citados por medios económicos estadounidenses, reconocen una creciente alarma por la imagen tóxica del sector. Un tribunal de apelaciones de Virginia ya invalidó recientemente una recalificación urbanística para un gran proyecto, síntoma de que miles de millones de dólares en desarrollos planeados por grandes tecnológicas y fondos de Wall Street empiezan a enfrentar serios obstáculos comunitarios.
El debate energético y ambiental trasciende las fronteras norteamericanas. La prensa suiza ha subrayado que la medida de Maine sienta un precedente observado con atención en Europa, donde el despliegue de centros de datos para IA también genera tensiones entre los objetivos de descarbonización y la seguridad del suministro eléctrico. En América Latina, expertos consultados advierten que la rápida expansión de estas infraestructuras en países como Chile o Brasil podría avivar conflictos similares por el uso intensivo de agua y electricidad en regiones ya sometidas a estrés hídrico. La experiencia de Maine revela cómo una gobernadora demócrata intenta conciliar las exigencias de la sostenibilidad con la promesa de empleo y revitalización industrial, un dilema que se repite en múltiples latitudes ante la revolución de la inteligencia artificial.
La moratoria de Maine no supone un freno definitivo, pero abre una ventana de más de dos años para que los legisladores estadounidenses definan marcos regulatorios que equilibren innovación tecnológica y protección ciudadana. Mientras la industria discute cómo coordinar una respuesta para recomponer su reputación, la decisión de la gobernadora Mills será determinante para saber si el primer estado en pausar los centros de datos se convierte también en el laboratorio de una nueva gobernanza energética que otros países, desde España hasta Argentina, seguirán con máximo interés.
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