Las dos crisis paralelas que sacuden al FBI y al Pentágono
El director del FBI afronta denuncias de alcoholismo y paranoia mientras el secretario de Defensa acumula polémicas ideológicas. Ambos casos debilitan la credibilidad de la cúpula de seguridad estadounidense.

El hallazgo más inquietante sobre la cúpula de seguridad estadounidense no surgió en una sala de crisis, sino en un simple error informático. El pasado 10 de abril, el director del FBI, Kash Patel, no consiguió iniciar sesión en su ordenador y, convencido de que la Casa Blanca lo había despedido, entró en pánico. Nueve fuentes consultadas por la prensa estadounidense describieron la escena como un “ataque de pánico” que incluyó llamadas desesperadas a colaboradores. El episodio, lejos de ser anecdótico, se suma a un patrón de ausencias injustificadas y consumo excesivo de alcohol que, según medios italianos, ha alarmado a sus colegas y ha llevado ya a buscar un sustituto.
La reacción de Patel fue inmediata: amenazó con demandar a la revista que publicó el reportaje por “información falsa”. Sin embargo, fuentes anónimas citadas por diarios británicos insistieron en que su conducta despierta temores profundos. “Eso es lo que me quita el sueño por la noche”, confesó un funcionario al imaginar al director del FBI al mando durante un ataque terrorista. La combinación entre inestabilidad personal y responsabilidad sobre 38.000 agentes ha convertido el caso en una crisis de seguridad nacional que trasciende el chisme político.
Mientras tanto, en el Pentágono, Pete Hegseth suma controversias de otro cariz. Su brazo derecho luce el tatuaje “Deus Vult” —el grito de las cruzadas— junto a la palabra árabe “kafir” (infiel), y en el pecho exhibe la Cruz de Jerusalén. La prensa italiana documentó además una metedura de pata simbólica: al intentar citar la Biblia en un acto público, el secretario de Defensa recitó en realidad un diálogo de la película Pulp Fiction. En el mundo árabe, analistas señalan que la iconografía de Hegseth, unida a su libro American Crusade, no es simple provocación estética: revela una visión militante que algunos congresistas consideran razón suficiente para iniciar un proceso de destitución.
Desde la óptica de Bruselas, ambas crisis revelan una fragilidad inusual en los dos pilares de la seguridad estadounidense —investigación y defensa—, justo cuando la cooperación transatlántica exige confianza mutua. En Latinoamérica, observadores advierten que la inestabilidad en el aparato de inteligencia puede repercutir en la lucha contra el crimen organizado transnacional. El verdadero riesgo, coinciden analistas europeos y árabes, no radica en los deslices individuales, sino en que los sistemas diseñados para contenerlos parecen hoy tan desbordados como sus protagonistas.
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