La FIFA bajo la lupa por los boletos del Mundial 2026 mientras asoman otros desafíos
Las fiscalías de Nueva York y Nueva Jersey investigan las ventas de entradas para el MetLife Stadium. Al mismo tiempo, surgen datos sobre el desgaste de las selecciones, un balón inteligente y refuerzos aeroportuarios.

Las fiscales generales de Nueva York, Letitia James, y de Nueva Jersey, Jennifer Davenport, anunciaron este miércoles la apertura de una investigación conjunta sobre las prácticas de venta de entradas de la FIFA para la Copa del Mundo de 2026. La pesquisa, que incluye citaciones judiciales al organismo rector del fútbol, se centra en los ocho partidos que se disputarán en el MetLife Stadium, incluida la gran final del 19 de julio. Según el comunicado oficial, las autoridades examinan si los aficionados fueron inducidos a error sobre la ubicación real de los asientos y si la combinación de precios dinámicos, la creación tardía de categorías premium y la opacidad en la información generaron “un laberinto de confusión, falsa escasez y precios imposiblemente altos”.
En América Latina, la cuenta regresiva para el torneo tiene otros focos de tensión. La FIFA confirmó las sedes operativas de las selecciones y los datos revelaron un mapa de desgaste que podría ser decisivo. Mientras algunas escuadras deberán recorrer más de 9.000 kilómetros solo en la fase de grupos, la selección argentina redujo ese desgaste a apenas 2.960 kilómetros al fijar su búnker en Kansas City. Analistas sudamericanos advierten que esa disparidad logística introduce un factor atlético que influirá en el rendimiento, un lujo de planificación que no todos los combinados pueden permitirse.
El esfuerzo por absorber el impacto del evento también se mide en tierra. En Colombia, el aeropuerto internacional El Dorado de Bogotá anunció una inversión superior a los 22.400 millones de pesos para adecuar infraestructura y reforzar la operación ante el aumento del flujo de pasajeros que se espera durante la temporada mundialista. Las autoridades aeroportuarias prevén que cerca de 5 millones de personas asistan a los estadios, sin contar quienes viajarán por turismo o negocios, lo que convierte a las terminales aéreas en un eslabón crítico de la experiencia del torneo.
Mientras las polémicas administrativas y logísticas ganan espacio, la tecnología también define la nueva edición de la Copa. El balón oficial, el Adidas Trionda, incorpora por primera vez la llamada “tecnología de balón conectado”: un sensor interno que debe recargarse antes de cada partido y que asiste al arbitraje en decisiones como el fuera de juego semiautomático. La innovación, impulsada desde Europa, promete hacer más justo cada encuentro, aunque suma una capa más de complejidad operativa a un torneo que ya es el primero organizado por tres países a la vez.
A pocas semanas del pitido inicial, la Copa del Mundo de 2026 se perfila como un examen múltiple: a la transparencia comercial que reclaman las fiscalías estadounidenses se suman la resistencia física de los planteles, la capacidad de los aeropuertos regionales y la integración de tecnologías de asistencia arbitral. Lo que ocurra en los tribunales de Nueva York y Nueva Jersey podría enviar una señal sobre los límites de la FIFA en el manejo de un espectáculo que, por escala y expectativas, no admite márgenes de error.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
The tournament is marked by contradictions: on the one hand, authorities investigate FIFA for inflated prices and deceptive ticket sales, decrying confusion, fake scarcity, and unreachable costs; on the other, the official ball runs on a rechargeable battery, emblem of a high-tech event that nevertheless struggles to deliver fairness to fans.
The World Cup exposes stark disparities: some teams face over 9,000 km of travel in the group stage alone, while others enjoy minimal trips, potentially affecting performance. Meanwhile, FIFA faces U.S. ticket investigations, and Latin American hubs like El Dorado brace for record traffic, highlighting the uneven burden and contrasting preparations.
FIFA is engulfed in a fresh crisis as New York and New Jersey prosecutors open a probe into the exploitation of fans through exorbitant pricing and misleading seat information. The investigation revives long-standing corruption allegations against the federation, casting a shadow over the upcoming tournament.
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