Jugadores iraníes obtienen visas para el Mundial, pero Teherán denuncia ‘trato discriminatorio’ a su personal
Mientras los futbolistas recibieron permiso para entrar a Estados Unidos, varios miembros del cuerpo técnico y administrativo siguen sin autorización, generando una crisis diplomática a pocos días del torneo.

Los jugadores de la selección iraní obtuvieron el viernes por la noche las visas para ingresar a Estados Unidos y participar en el Mundial 2026, confirmaron funcionarios estadounidenses. El embajador de Washington en Turquía, Tom Barrack, celebró el procesamiento de los documentos en la embajada en Ankara y afirmó que “el deporte trasciende las fronteras”. Sin embargo, la misma noche estalló la controversia: medios iraníes denunciaron que una parte significativa del personal de la delegación —desde directivos hasta asesores técnicos— no había recibido sus visas, lo que Teherán calificó de inmediato como un acto discriminatorio.
La embajada iraní en Turquía reaccionó con dureza a través de un mensaje en redes sociales: “¿Por qué no dicen que se denegaron los visados a una gran parte del personal directivo y ejecutivo, a los asesores técnicos y a otras personas que son parte integral de cualquier selección nacional?”, interpeló, llevando lo que describió como un “trato deliberado y discriminatorio contra la selección iraní a su máximo nivel”. Según la televisión estatal iraní, citada por medios mexicanos, quince miembros de la delegación —incluido el presidente de la federación, Mehdi Taj— permanecen sin autorización. La propia Federación Iraní de Fútbol calificó la actitud estadounidense de “antideportiva y completamente política”, contraria a las leyes deportivas internacionales, y anunció que escalará el caso ante la FIFA.
El incidente se produce en un clima de máxima tensión geopolítica. Estados Unidos e Irán mantienen un conflicto abierto en Oriente Medio desde febrero, y el secretario de Estado, Marc Rubio, había advertido previamente que ningún miembro de la Guardia Revolucionaria iraní (IRGC) podría pisar suelo estadounidense. Esta es la primera Copa del Mundo en la que un país anfitrión recibe a una nación con la que está en guerra. Como medida preventiva ante la incertidumbre consular, la selección iraní trasladó semanas atrás su campo base de Tucson (Arizona) a Tijuana, México, apenas a unos kilómetros de la frontera, desde donde se desplazará a los partidos para minimizar su presencia en territorio estadounidense.
Analistas en Ciudad de México señalan que la polémica visibiliza el frágil equilibrio entre el deporte y la diplomacia en un torneo que aspira a unir fronteras. Mientras Washington insiste en que los visados fueron concedidos a todos los jugadores y al “personal de apoyo necesario”, la narrativa iraní denuncia una exclusión selectiva que afecta al corazón organizativo de su equipo. El Mundial 2026, coorganizado por Estados Unidos, México y Canadá, enfrenta así el reto de gestionar la participación de una selección cuyas tensiones con el anfitrión principal trascienden lo meramente deportivo. Con el pitido inicial a escasos días, la presión recae sobre los canales diplomáticos para evitar que el impasse burocrático se convierta en un incidente mayor.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
The United States granted visas to Iranian players for the World Cup just days before the tournament, but officials warned they would not allow the regime to exploit the event to smuggle terrorists into the country.
Iran's football federation complained about the visa delays, revealing that although the players eventually received entry permits, at least fifteen technical staff were denied. The Islamic Republic had warned it would reconsider taking part if the issue was not resolved.
With the World Cup just days away, Latin American outlets confirmed that Iran's squad had secured visas and would finally be able to compete in the United States, after relocating their training base to the Mexican city of Tijuana.
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