Irán restablece parcialmente internet tras 88 días de apagón, pero la censura se mantiene
La reconexión, ordenada por el presidente Pezeshkian, deja a millones con acceso limitado y redes sociales bloqueadas; usuarios comparan la situación con un traslado en prisión.

Después de 88 días de desconexión forzosa —el apagón digital más prolongado en la historia moderna—, Irán reanudó parcialmente el acceso a internet el martes 26 de mayo de 2026. La decisión, atribuida a una orden directa del presidente Masoud Pezeshkian, fue boicoteada por la judicatura, que suspendió al organismo encargado de la reapertura, según informes de medios iraníes. Plataformas de monitoreo como NetBlocks y Kentik reportaron una reactivación modesta: la conectividad fija de banda ancha volvió en algunas zonas, pero los datos móviles permanecieron mayormente inactivos y las redes sociales como Instagram, X y Telegram seguían bloqueadas.
La desconexión se había iniciado el 28 de febrero, coincidiendo con el primer día de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra la república islámica, y repitió el patrón de enero de 2026, cuando protestas masivas llevaron a un corte similar. Para los más de 90 millones de iraníes, el aislamiento digital significó pérdida de empleos, imposibilidad de comunicarse con el exterior y un fuerte impacto psicológico. “Muchos de nosotros perdimos el trabajo”, relataron ciudadanos en Teherán, reflejando el testimonio recogido por medios italianos.
Los usuarios que lograron reconectarse expresaron una mezcla de alivio y escepticismo. “Estoy feliz, pero me siento estúpido por alegrarme de algo tan simple”, declaró Hamid, un trabajador tecnológico de 29 años, en un reporte difundido por prensa emiratí. En redes sociales se viralizó la frase “es como pasar de una celda de aislamiento al patio común de la prisión”, atribuida a un usuario iraní. Otra constante fueron los saludos nostálgicos: “Los extrañé”, escribieron muchos al recuperar el acceso, según constató la BBC persa desde su exilio londinense.
Los análisis técnicos y de derechos digitales muestran cautela. Doug Madory, director de análisis de Kentik, señaló desde la óptica israelí que el tráfico total de internet se mantiene muy por debajo de los niveles previos a las protestas de enero y de la breve restauración de febrero. El activista Amir Rashidi, entrevistado por Radio Farda desde Italia, subrayó que cada reactivación en Irán ha venido acompañada de mayores restricciones que en el periodo anterior. Así, los expertos anticipan que el regreso de la conectividad podría ser temporal y que la “filtración” —el sistema de censura omnipresente— se endurecerá aún más.
El episodio revela la fragilidad de la infraestructura digital iraní y su uso como herramienta de control estatal. Mientras la comunidad internacional observa con preocupación, los iraníes se enfrentan a un horizonte de inestabilidad en línea donde el derecho a la información seguirá condicionado por la geopolítica y la represión interna. La pregunta que flota en Teherán y en los centros de monitoreo es si esta reconexión parcial constituye un alivio genuino o simplemente un espejismo en un régimen de “filtranet”, como lo denominan activistas.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
The partial restoration of the internet after 88 days is met with a mix of relief and bitterness. Many Iranians highlight the economic losses and psychological toll of the regime-imposed isolation, while strong doubts remain about the stability of the connection and the government's true intentions.
The partial reopening is seen as a limited and temporary move that does not ease censorship or restore full connectivity. The focus is on technical data showing traffic levels still below pre-protest figures, with warnings that another shutdown could follow.
The reactivation leaves many Iranians indifferent or disappointed, as they view internet access as a right that should never have been suspended. Emphasis is placed on the limited scope of the restoration and the normalization of an exceptional digital crackdown.
The partial reopening brings relief among Iranians, but also skepticism about its duration and the real freedom granted. Voices collected oscillate between joy at finally being able to communicate and awareness that censorship and control remain strong.
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