Irán reabre la internet global tras 87 días de apagón
La restauración parcial del acceso internacional alivia a una población asfixiada por el bloqueo impuesto desde el inicio de los bombardeos, aunque persisten el temor a un retroceso y la censura estructural.

Irán comenzó a reconectarse con el mundo digital tras 87 días de un apagón que empezó con los ataques estadounidenses del 28 de febrero. El presidente Masoud Pezeshkian emitió el lunes una orden para restablecer el acceso internacional a internet, una medida que los observatorios con sede en el Reino Unido calificaron de aún «parcial», pero que devolvió las notificaciones de Telegram a millones de usuarios. “Nunca fui tan feliz en mi vida”, escribió el estudiante de ingeniería Kian Galvani en X, una reacción que captura el alivio de una sociedad donde, incluso en tiempos de calma, la red mundial operaba bajo una intensa censura. Desde Israel, testimonios de residentes en Teherán describieron la sensación de «haber salido de la cárcel» y la incredulidad por la brusquedad del cambio.
El corte no fue una simple pausa técnica, sino un colapso silencioso de la vida económica y afectiva. Los análisis de la diáspora iraní en Europa señalan que miles de pequeños negocios se hundieron y millones de personas perdieron repentinamente su sustento en áreas como el diseño gráfico, la publicidad o los eventos culturales. Rana, una iraní de unos cincuenta años citada por un corresponsal en Buenos Aires, resume la paradoja: «Trabajo en cuatro áreas y todas dependen directamente de internet. No podía trabajar en absoluto». Las plataformas de comunicación con familiares en el extranjero, el acceso a noticias independientes e incluso placeres elementales como ver series quedaron bloqueados, sumiendo al país en un forzado aislamiento que agravó la ya severa crisis económica.
La decisión de reabrir el flujo digital se produce en un clima de división dentro del gobierno iraní. Fuentes en la prensa israelí apuntan que el ejecutivo debate si mantener la clausura como herramienta de control, mientras que la reapertura busca proyectar una imagen de retorno a la normalidad tras cuarenta días de guerra y cincuenta de amenazas continuadas, según reportes de la radio desde Argentina. No obstante, esa normalidad es frágil. Los grupos de monitoreo advierten que el servicio funciona de manera intermitente y que las autoridades conservan intacta la capacidad de volver a cerrarlo. La restauración, más que un punto final, parece una tregua digital cargada de incertidumbre.
La reconexión ofrece un respiro psicológico a una nación que durante casi tres meses vivió una doble clausura: la de las bombas y la de la información. Desde São Paulo, la prensa económica subraya que el regreso de las redes sociales no borra la realidad de que Irán ya era uno de los países con la internet más restrictiva del mundo, y que la plena reconstrucción de los servicios tomará semanas. El alivio momentáneo convive con el miedo a que esta apertura sea solo una válvula de escape temporal, supeditada a los cálculos de una dirigencia que ha demostrado que desconectar un país entero del resto del planeta es, aunque devastador, técnicamente posible.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
Atlantic press blames the Iranian regime for a self-imposed 88-day digital blackout that crippled businesses and deepened economic hardship; the gradual restoration is framed as a regime ploy, with the internet far from normal and recovery uncertain.
Continental European press frames the 88‑day digital blockade as a tool of mass repression that strangled the economy, severed family ties and deepened political oppression in a country already battered by war, inflation and sanctions; the gradual restoration brings cautious hope, but deep mistrust persists.
Israeli press places the story squarely in the war with Israel and the US, underlining regime divisions over restoring access and the widespread fear that the internet return is temporary; citizens describe feeling released from prison, mixing joy with shock.
Latin American outlets report Iranians' relief at reconnecting after 88 days, yet highlight skepticism about future stability and the damage to businesses and freelancers; the restoration is seen as the government's attempt to project normalcy after the war, while censorship lingers.
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