Irán reabre el estrecho de Ormuz durante la tregua, pero amenaza con escalar si persiste el bloqueo de EE UU
Teherán condiciona la reapertura del vital paso petrolero al cese de hostilidades con Washington, mientras la Unión Europea se desmarca de la presión naval estadounidense y las negociaciones de paz se aceleran.

Teherán ha puesto en marcha una calculada estrategia de presión y gesto diplomático en torno al estrecho de Ormuz. Anunció la reapertura total del vital paso marítimo mientras dure la tregua en Oriente Medio, pero advirtió que si Washington mantiene el bloqueo naval contra sus puertos, el estrecho “no permanecerá abierto” y extenderá sus amenazas al mar Rojo, el golfo Pérsico y el mar de Omán. El mensaje fue transmitido por el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Bagher Ghalibaf, y el ministro de Asuntos Exteriores, Abás Araqchi, quienes insistieron en que cualquier tránsito necesita autorización de la Guardia Revolucionaria.
La tregua, que incluye tanto el cese de hostilidades entre Israel y Hezbolá en el Líbano como una pausa en los combates entre Estados Unidos e Irán, expira el próximo miércoles, con la posibilidad de prórroga según los avances en las conversaciones de paz. Donald Trump consideró que la guerra está “cerca de terminar” y aseguró que no hay “puntos de bloqueo” para un acuerdo, pero dejó claro que el bloqueo a los puertos iraníes se mantendrá hasta que se firme un pacto definitivo. La noticia de la reapertura temporal del estrecho provocó una caída del 10% en el precio del petróleo, reflejando la sensibilidad de los mercados ante el flujo del 20% del crudo mundial que transita por esa ruta.
Desde las capitales europeas, la respuesta ha sido de cautelosa distancia. Reino Unido y Francia descartaron asistir a la operación de bloqueo naval estadounidense, argumentando que no se dejarán “arrastrar a la guerra”. Analistas en Bruselas interpretan esta negativa como un intento de preservar la frágil tregua y mantener abierto un canal de negociación, mientras Teherán explota al máximo su principal arma estratégica.
Irán estableció condiciones estrictas: los buques civiles solo podrán cruzar por rutas designadas y con autorización previa de la marina del cuerpo de elite. Paralelamente, la república islámica amenazó con cerrar el mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb —por donde circula el 12% del comercio petrolero mundial— si Estados Unidos no retira su presencia de Ormuz, calificando el bloqueo como una “violación del alto el fuego”. A su vez, Trump solicitó a China que no provea armamento a Teherán, señal de la presión internacional que rodea unas negociaciones que aún pueden descarrilar.
El reloj avanza hacia la medianoche del miércoles. Mientras los equipos diplomáticos trabajan para prorrogar la tregua, el mundo observa cómo el control de Ormuz se ha convertido en la moneda de cambio para un posible acuerdo de paz. La alternativa, un bloqueo regional en cadena, supondría un golpe devastador para la economía global.
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