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Infantino zanja el debate: Irán jugará el Mundial 2026 pese al conflicto con EE UU

El presidente de la FIFA confirmó que la selección iraní viajará a Estados Unidos en junio, tras rechazarse la petición de trasladar sus partidos a México.

Geopolítica6 medios4 idiomas3 min de lecturaActualizado 08:38

La participación de Irán en la Copa Mundial de la FIFA 2026 ha dejado de ser una incógnita. Durante su intervención en el foro económico “Invest in America”, organizado por la cadena CNBC, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, fue categórico: “Irán viene seguro. Esperamos que para entonces la situación sea de paz, eso ayudaría, pero Irán tiene que venir, representa a su pueblo, está clasificado y los jugadores quieren jugar”. La declaración, recogida de inmediato por medios de todo el mundo, puso fin a semanas de especulaciones alimentadas por el conflicto armado que enfrenta a Washington y Teherán. Infantino ya había adelantado su postura semanas atrás, cuando visitó a la selección iraní en Antalya, Turquía, durante un amistoso frente a Costa Rica.

La controversia se había intensificado después de que el gobierno iraní solicitara a la FIFA trasladar sus tres encuentros de grupo —programados en el estadio SoFi de Inglewood, California— a territorio mexicano. La negativa del organismo rector fue revelada por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y confirmada posteriormente por fuentes tanto europeas como estadounidenses. Desde la Casa Blanca, Andrew Giuliani, director ejecutivo de la task force presidencial para el Mundial, aseguró que la administración Trump “espera que la selección iraní viaje a Estados Unidos”, despejando así cualquier duda sobre posibles vetos administrativos. La coordinación entre la FIFA y el gobierno anfitrión subraya la voluntad de mantener el evento al margen de la crisis geopolítica.

Las reacciones revelan prismas regionales diferenciados. En la prensa europea de lengua alemana, el anuncio fue interpretado como un “Machtwort” —una palabra de poder— que sitúa al deporte por encima de la política, mientras que los diarios latinoamericanos, particularmente los mexicanos, enfatizaron el rechazo frontal a la petición iraní y la ratificación de la autoridad de la FIFA. Desde el mundo árabe, la cobertura se centró en la esperanza de que el futbol sirva como puente para una pacificación futura, citando las mismas palabras de Infantino sobre la necesidad de que la situación “desemboque en paz”. Esta diversidad de énfasis confirma que, aunque el mensaje central es único, cada región lo filtra a través de sus propias prioridades diplomáticas y culturales.

Con el pitido inicial a menos de dos meses vista, la decisión traslada ahora la presión a los organizadores y a las fuerzas de seguridad. Los analistas advierten que la presencia de la delegación iraní en suelo estadounidense —en pleno conflicto y sin un acuerdo diplomático amplio— plantea desafíos logísticos y de protección sin precedentes. No obstante, el antecedente de 1998, cuando Irán y Estados Unidos protagonizaron un histórico encuentro en Lyon en medio de similares tensiones, ofrece un modelo de cómo el deporte puede, al menos temporalmente, desactivar la hostilidad. El Mundial 2026, que por primera vez se disputa en tres países norteamericanos, se perfila así como un escenario en el que la diplomacia del balón intentará imponerse a la de los misiles.

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