Fracasan las históricas conversaciones de paz entre EE UU e Irán en Islamabad
Las negociaciones directas más relevantes desde 1979 terminan sin acuerdo tras 21 horas. Washington exige un abandono nuclear verificable; Teherán denuncia exigencias excesivas y mantiene cerrado el estrecho de Ormuz.

La primera cita cara a cara entre las cúpulas de Washington y Teherán desde la Revolución Islámica se saldó con un rotundo fracaso. El vicepresidente estadounidense J. D. Vance abandonó Islamabad con las manos vacías después de más de veintiuna horas de negociaciones con el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Bagher Ghalibaf. “No hemos alcanzado un acuerdo”, declaró Vance desde el hotel Serena antes de subir al Air Force Two, y añadió que la negativa iraní a aceptar los términos estadounidenses era “una mala noticia para Irán mucho más que para Estados Unidos”. Desde Teherán, en cambio, se culpó a Washington de presentar “exigencias excesivas” y se dejó claro que la situación en el estratégico estrecho de Ormuz no cambiará hasta que no se alcance un entendimiento razonable.
El encuentro, auspiciado por Pakistán, se celebró bajo el paraguas de un frágil alto el fuego acordado apenas unos días antes. La semana había arrancado con bombardeos masivos y amenazas del presidente Donald Trump de “destruir una civilización entera en una noche”, pero una tregua de dos semanas medió para abrir la vía diplomática. Sin embargo, el respiro es precario: los intensos bombardeos israelíes sobre Líbano, con centenares de muertos, han puesto en entredicho el alcance del cese de hostilidades y, según análisis recogidos en medios europeos, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu estaría actuando como un saboteador permanente del diálogo entre Washington y Teherán. Mientras tanto, el Comando Central estadounidense confirmó que dos destructores de la Armada de Estados Unidos han cruzado el estrecho de Ormuz para iniciar operaciones de limpieza de minas, una señal de que la presión militar no cesa.
Los motivos del desplome negociador se concentran en tres ejes que la prensa italiana ha resumido con precisión: la reapertura incondicional del paso marítimo por el que circula una quinta parte del petróleo mundial, el destino de las reservas iraníes de uranio altamente enriquecido y el desbloqueo de fondos iraníes congelados en el extranjero. Vance insistió en que Estados Unidos necesita “un compromiso firme” de que Irán no buscará un arma nuclear a largo plazo, mientras que los representantes iraníes, citados por medios afines a la Guardia Revolucionaria, replicaron que sin un acuerdo equilibrado que contemple compensaciones económicas no habrá modificación de la política de seguridad marítima.
La fallida cita de Islamabad despertó reacciones en distintas latitudes. La ministra de Exteriores de Australia, Penny Wong, calificó el desenlace de “decepcionante” y urgió a mantener la tregua y reanudar las conversaciones, una postura que refleja el temor en la región Asia-Pacífico a un repunte de los precios energéticos por el bloqueo del golfo Pérsico. En Europa, editoriales de cabeceras españolas como El Mundo y La Vanguardia subrayaron la dimensión histórica del encuentro y advirtieron que sin un mecanismo de verificación creíble sobre el programa nuclear iraní, la credibilidad del diálogo se desvanece. Fuentes latinoamericanas no participan directamente en las negociaciones, pero analistas en Ciudad de México recuerdan que cualquier escalada en Oriente Medio impacta de inmediato en los mercados globales de crudo y en la estabilidad de las monedas emergentes.
Aunque las delegaciones han dejado abierta la puerta a nuevas rondas —Teherán afirmó que “la diplomacia nunca termina” y que los contactos continuarán—, la desconfianza mutua es profunda. El episodio no solo resucita el diferendo nuclear, sino que revela la complejidad de desactivar una guerra librada en múltiples tableros, con actores como Israel capaces de dinamitar cualquier apaciguamiento. La próxima convocatoria dependerá de si las partes logran transformar un alto el fuego técnico en una voluntad política que, por ahora, brilla por su ausencia.
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