Estados Unidos intercepta otro buque de la "flota en la sombra" iraní y eleva a 37 las naves redirigidas
El destructor USS Pinckney forzó el regreso del M/V Sevan, sancionado por transportar hidrocarburos, mientras el bloqueo naval se intensifica en el mar Arábigo.

Estados Unidos interceptó el sábado en el mar Arábigo al buque mercante M/V Sevan, una de las 19 naves de la llamada "flota en la sombra" que la Administración Trump sancionó por facilitar exportaciones petroleras iraníes. Un helicóptero del destructor lanzamisiles USS Pinckney (DDG 91) abordó la embarcación en el marco de la "Operación Furia Económica" y le ordenó retornar a puerto iraní bajo escolta militar, según confirmó el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM). El Sevan había sido designado el día anterior por el Departamento del Tesoro por transportar miles de millones de dólares en crudo, propano y butano hacia mercados extranjeros.
Desde que comenzó el bloqueo naval sistemático contra los puertos de Irán, las fuerzas estadounidenses han interceptado ya 37 buques vinculados a Teherán, reveló CENTCOM en un comunicado difundido el domingo. Cada interceptación refuerza una campaña de presión económica que Washington describe como un esfuerzo por forzar un acuerdo de paz con el régimen iraní, aunque el despliegue también dispara las tensiones en una vía marítima esencial para el suministro energético mundial.
Analistas desde Moscú observan con atención el efecto acumulativo: los 37 desvíos alteran las rutas habituales de los hidrocarburos y obligan a Irán a buscar compradores menos expuestos a represalias financieras. En las capitales del Golfo Pérsico se interpreta la maniobra como un mensaje inequívoco de que Washington no tolerará evasiones al régimen sancionatorio, mientras que en América Latina —especialmente en Brasil y México, grandes importadores de derivados— se comienza a evaluar el posible impacto alcista en los precios del gas licuado si la oferta iraní se contrae de manera prolongada.
La "flota en la sombra", compuesta por naves con registros opacos, ha permitido a Irán mantener un flujo de divisas sorteando restricciones previas. Ahora, con la vigilancia naval reforzada y el seguimiento por satélite, la Casa Blanca apuesta por estrangular esa vía de financiación. Observadores en Madrid y Bruselas advierten que una disrupción persistente de las exportaciones iraníes podría repercutir en la estabilidad del mercado global del gas, justo cuando Europa busca diversificar suministros. La escalada, lejos de ser solo simbólica, prueba que el cerco marítimo se ha convertido en un instrumento central de la política exterior estadounidense hacia Oriente Medio, con consecuencias que traspasan la región.
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