Entre lágrimas y vítores: Wawrinka se despide de Roland Garros y Sinner emerge como el gran favorito
El suizo cayó ante De Jong y recibió un homenaje con mensajes de Federer, Nadal y Djokovic. Mientras, el italiano parte con la mayor ventaja en las apuestas desde Nadal en 2009.

Stan Wawrinka se despidió de Roland Garros con la emoción a flor de piel. El veterano suizo de 41 años, campeón en 2015, sucumbió en primera ronda ante el neerlandés Jesper de Jong —un lucky loser de la fase previa— por 3-6, 6-3, 3-6 y 4-6 en tres horas de batalla. Al término del encuentro, la organización le rindió un sentido homenaje en la pista Simonne-Mathieu: la directora del torneo, Amélie Mauresmo, le entregó un trofeo conmemorativo mientras el público parisino, puesto en pie, coreaba su nombre. Con la voz quebrada y lágrimas en los ojos, el helvético acertó a musitar: «Je n’ai pas envie de vous dire au revoir» —no tengo ganas de decirles adiós—, una frase que resume el vínculo íntimo que forjó con la arcilla de la Porte d’Auteuil.
Su legado en París es profundo. La crónica argentina subraya que, pese a haber vivido a la sombra de un coloso como Roger Federer, Wawrinka acumuló 21 presencias en el torneo y un palmarés notable: la corona de 2015, otra final en 2017, unas semifinales y dos cuartos. La prensa suiza destacó que el duelo ante De Jong resultaba más abordable que su eliminación del año pasado, pero la falta de eficiencia inicial le pasó factura. Durante la ceremonia, se proyectaron mensajes en vídeo de Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic, que desde la distancia tejieron un tributo coral al último representante de una generación dorada. Djokovic arrancó una sonrisa al recordar una anécdota: «Ya jugaba contra mi entrenador cuando yo era recogepelotas», reflejo de la longevidad del suizo en la élite.
Mientras la central Simonne-Mathieu decía adiós a un icono, el presente del torneo habla otro idioma. Jannik Sinner, número uno del mundo, aterriza en París como el favorito más contundente en un Grand Slam masculino desde 2009, según los mercados de apuestas citados por analistas estadounidenses. El italiano cotiza a -275, una ventaja que evoca el -400 con que Nadal dominaba las quinielas hace tres lustros. «Está en la forma de su vida, y sin Carlos Alcaraz, sus posibilidades se disparan. Todos intentaremos frenarlo», declaró Djokovic. La baja del murciano por lesión despeja aún más el camino de Sinner, que arranca contra el francés Clement Tabur y sueña con completar el Grand Slam de carrera, tras sus títulos en Melbourne y Nueva York.
El adiós de Wawrinka no es un simple punto final; es el síntoma de un relevo generacional que se acelera. La vieja guardia —Federer retirado, Nadal en la retirada, Djokovic gestionando sus últimos asaltos— cede el testigo a un Sinner que aspira a convertirse en el nuevo patrón de la tierra batida, justo cuando el torneo parisino despide a uno de los últimos supervivientes de su época dorada. Los analistas europeos coinciden en que la consistencia del italiano le otorga un control comparable al que ejerció el propio Nadal, pero advierten: gestionar la presión de ser el heredero indiscutible marcará su verdadera talla.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
Latin American coverage frames Wawrinka's farewell as a wistful, affectionate tribute, where even the final point – a stray balloon drifting across the court – becomes a symbol of a romantic career. The 2015 champion gets video messages from the sport's giants, and the narrative crowns him as the underdog who stole the spotlight from Federer, turning defeat into one final celebration.
Continental European press portrays Wawrinka's exit as a tearful yet dignified ceremony: the veteran receives a tribute from Mauresmo and video messages from the Big Three he so often challenged. The narrative lingers on the late bloomer, 'the other Swiss', who managed three Grand Slam titles, turning his farewell into a triumph of respect and long-overdue recognition.
Atlantic press reduces Wawrinka's farewell to a brief note, pivoting almost entirely to Sinner's domination as a -275 favorite—the heaviest at a major since 2009. The Swiss veteran's emotional exit becomes a sidebar in a narrative focused on future odds and the quest for a Golden Slam, treating the moment with cool, analytical detachment.
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