Irán e Israel reanudan los ataques: el petróleo roza los 98 dólares y las bolsas asiáticas se desploman
La Guardia Revolucionaria iraní lanzó misiles contra Israel, que respondió bombardeando complejos petroquímicos; el Brent subió un 5% y el Kospi surcoreano cayó más de un 8%.

El frágil alto el fuego que había detenido durante dos meses la guerra entre Irán e Israel se rompió el domingo 7 de junio, cuando Teherán disparó misiles balísticos en represalia por bombardeos israelíes sobre los suburbios del sur de Beirut. La respuesta israelí no se hizo esperar: en la madrugada del lunes, sus aviones atacaron la planta petroquímica de Mahshahr, en el suroeste iraní, además de otros objetivos militares. Estos intercambios, en el día 100 del conflicto, dispararon de inmediato el precio del crudo. El Brent del mar del Norte llegó a cotizar a 97,83 dólares por barril, un salto superior al 5%, mientras el West Texas Intermediate se acercaba a los 95 dólares. Los mercados descontaron el riesgo de un cierre prolongado del estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del suministro mundial de petróleo.
Las bolsas asiáticas fueron las primeras en absorber el impacto combinado de la tensión geopolítica y la corrección de las tecnológicas. En Seúl, el índice Kospi se hundió un 8,3% y activó el mecanismo de interrupción de cotizaciones, arrastrado por las caídas de Samsung Electronics y SK Hynix, en un entorno de venta forzosa por el excesivo peso de estos valores en los índices. El Nikkei japonés cedió casi un 4%, Hong Kong un 1,2% y la Bolsa de Shanghái un 1,7%. En la India, el Sensex retrocedió más de 800 puntos. Desde Moscú, analistas señalaron que la combinación del desplome de la inteligencia artificial en Wall Street y el nuevo foco bélico creaba una tormenta perfecta para los activos de riesgo.
Más allá de los números, la preocupación se centró en el posible bloqueo de las rutas de suministro energético. A pesar de que la OPEP+ anunció un nuevo incremento de la producción en 188.000 barriles diarios, los informes procedentes de los países del Golfo advertían de que varias naciones no podían embarcar su crudo por el cierre de facto del estrecho de Ormuz, lo que convertía ese aumento en un gesto meramente simbólico. La Guardia Revolucionaria iraní reivindicó el ataque a las bases aéreas israelíes de Nevatim y Tel Nof, y, según reportes de medios brasileños y africanos, afirmó haber alcanzado también un complejo petroquímico en Haifa, al norte de Israel, extremo no confirmado por fuentes israelíes.
En Washington, el presidente Donald Trump intervino telefónicamente ante el primer ministro Benjamín Netanyahu para pedirle que no tomara represalias y diera una oportunidad a la diplomacia, pues la Casa Blanca considera que un acuerdo está al alcance de la mano. La llamada, revelada por medios estadounidenses e iraníes, reflejó el temor a una escalada incontrolada. Con el Brent aún por debajo del pico de 120 dólares que alcanzó en abril, los operadores evalúan si la combinación de disrupciones físicas del suministro y el repunte estacional de la demanda devolverá al crudo a la temida franja de los tres dígitos, con todas sus consecuencias inflacionistas para América Latina, Europa y las economías emergentes.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
En respuesta a los bombardeos israelíes contra los suburbios del sur de Beirut, Irán lanzó una legítima represalia con misiles, defendiendo su credibilidad estratégica. El alza del precio del petróleo es un efecto colateral natural, pero la responsabilidad de la nueva escalada recae por completo sobre el 'régimen sionista' por violar el alto el fuego.
Irán lanzó misiles contra Israel, rompiendo la frágil tregua y provocando un repunte del petróleo por encima de los 96 dólares. El ataque, pese a las peticiones de contención de Trump, amenaza la estabilidad regional y arroja sombras sobre los mercados asiáticos, ya golpeados por el desplome tecnológico.
La nueva escalada fue provocada por las incursiones israelíes sobre los suburbios de Beirut, una agresión que reavivó el conflicto y frustró las esperanzas de paz. La respuesta iraní no es más que la consecuencia inevitable de una ocupación que sigue golpeando civiles e infraestructuras, mientras los mercados petroleros descuentan el cierre del Estrecho de Ormuz.
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