Bruselas anuncia una aplicación europea de verificación de edad para redes sociales
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, presentó una herramienta gratuita y de código abierto que permitirá comprobar la edad de los usuarios sin ceder datos personales a las plataformas.

La Unión Europea ha anunciado la inminente puesta en marcha de una aplicación de verificación de edad para el acceso a redes sociales, una iniciativa que busca armonizar la protección de los menores en el entorno digital. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, confirmó desde Bruselas que la herramienta está «técnicamente lista» y ya ha sido probada en cinco Estados miembros, entre ellos Italia. El diseño emula el exitoso modelo del certificado digital COVID-19, que llegó a utilizarse en 67 países, según recordó la propia von der Leyen, y aspira a convertirse en un estándar paneuropeo.
El funcionamiento será similar al de una cartera digital: el ciudadano descarga la aplicación en su teléfono, tableta u ordenador, y registra su documento de identidad o pasaporte. Cuando un servicio en línea requiera verificar la mayoría de edad, la aplicación emitirá una confirmación sin revelar datos concretos a la plataforma. Desde la óptica de Bruselas, este mecanismo garantiza altos estándares de confidencialidad y evita que las empresas recopilen información sensible. La Comisión subraya que la aplicación será de código abierto, lo que permitirá a países socios, como Suiza —cuyos ciudadanos también se verán afectados—, adoptarla o auditarla.
El movimiento se enmarca en una oleada regulatoria global. Australia ya prohibió el acceso de menores de 18 años a determinadas redes, y varias naciones analizan medidas similares. La UE aspira a un enfoque coordinado, en el que las plataformas dejen de eludir la responsabilidad con simples casillas de autodeclaración. «Corresponde a los padres educar a sus hijos, no a las plataformas», sentenció von der Leyen, al tiempo que reconoció el carácter adictivo de los entornos digitales para las mentes en desarrollo. Diversos análisis en Europa central y oriental destacan el eco que esta postura encuentra en sociedades preocupadas por la exposición temprana a contenidos nocivos.
Sin embargo, el proyecto no está exento de críticas. Especialistas en Suiza y Francia alertan de que centralizar la verificación de identidad —aunque se realice con sistemas de privacidad diferencial— podría crear un punto único de riesgo, susceptible de vigilancia masiva o de fallos de seguridad. Aunque la Comisión insiste en que los datos no se compartirán con las plataformas, los recelos se asemejan a los que suscitó en su día el certificado COVID. Las organizaciones de derechos digitales reclaman salvaguardas adicionales y un debate público que, por ahora, ha sido atropellado por la velocidad del anuncio.
Desde una lectura política, observadores en Italia señalan que von der Leyen recurre a un tema de gran popularidad en un momento de perfil bajo forzado por la crisis del Golfo y el protagonismo de los líderes nacionales. El éxito de la aplicación pandémica le brinda un relato de eficacia tecnocrática que podría reforzar su liderazgo en la recta final del mandato. La verdadera prueba llegará con la implementación: habrá que ver si los Estados miembros, las plataformas y los ciudadanos aceptan un sistema que, en última instancia, redefine el anonimato en la red bajo el argumento de proteger a la infancia.
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