Australia Occidental admite que no alcanzará las emisiones netas cero en 2050, en medio de un auge carbonífero global
Un informe financiado por Woodside revela que el estado australiano se retrasará una década, mientras la siderurgia mundial sigue dependiendo del carbón para expandir su capacidad.

La transición energética global enfrenta un doble contratiempo. Por un lado, Australia Occidental —epicentro de la exportación de gas y minerales— reconoció que incumplirá su meta de emisiones netas cero para 2050 por hasta una década, según un informe encargado por el gigante gasístico Woodside a la consultora Deloitte. El estudio sostiene que incluso sin el controvertido proyecto Browse, la trayectoria actual del estado lo aleja del objetivo, aunque la petrolera argumenta que esa misma demora hace inocua la expansión gasífera. La conclusión fue calificada de «propaganda corporativa» por grupos ambientalistas, que la consideran un intento de normalizar el retraso.
El contexto político agrava la señal. Western Australia y el Territorio del Norte son las únicas jurisdicciones australianas sin metas intermedias de reducción, pese a que la legislación federal compromete al país a la neutralidad de carbono en 2050. La modelización de Deloitte indica que se requerirían despliegues «sin precedentes» de proyectos solares, eólicos y de baterías para alcanzar ese hito. Lejos de corregir el rumbo, el premier Roger Cook enmarcó el posible aumento de emisiones locales como un sacrificio necesario: «El mundo sale ganando», dijo, aludiendo al papel que el estado juega en la descarbonización global al suministrar gas y minerales críticos.
Esa lógica choca con la realidad de otro sector clave. Un informe de la organización estadounidense Global Energy Monitor, difundido por medios europeos, revela que la producción mundial de acero —responsable del 11 % de las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero— sigue anclada al carbón. En 2025 se han anunciado o están en construcción 319 millones de toneladas anuales de capacidad en altos hornos tradicionales, un 5 % más que en 2024. La capacidad neta aumentará en 88 millones de toneladas para 2035, mientras el acero «verde» apenas registra un incremento «muy ligero», según el análisis.
Ambas trayectorias dibujan un patrón incómodo. Tanto las economías extractivas como las industrias pesadas globales justifican la persistencia de emisiones en aras de un beneficio económico inmediato o de una supuesta contribución indirecta a la descarbonización. Para regiones latinoamericanas con grandes reservas de materias primas y sectores siderúrgicos en expansión, el discurso de Western Australia puede convertirse en un espejo peligroso: la tentación de postergar metas en nombre del bienestar global o de la competitividad industrial. Si los estados ricos en recursos no logran trazar curvas de reducción creíbles, la meta planetaria de 2050 corre el riesgo de ser una aspiración vacía, mientras el termómetro del planeta sigue subiendo.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
Progressive Atlantic press denounces the hypocrisy of Western Australia's government, which admits missing its climate targets but justifies itself by claiming to help the world decarbonize. It highlights how a Woodside-commissioned report is used to legitimize new fossil fuel projects, while the state remains the world's 'furnace room'. The tone is bitterly ironic toward the premier's 'global winner' rhetoric.
Continental European press reports with concern the Global Energy Monitor data, showing global steel production remains heavily coal-dependent and 'green' steel capacity is increasing only slowly. The emphasis is on the technical figure: 319 million tonnes per year of new coal-based blast furnaces are under construction or announced. The tone is alarmed but measured, focusing on implications for the global climate.
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