Talibán reprime con fuego protesta por arrestos de mujeres en Herat
La policía de la moral detuvo a decenas de mujeres por no usar chador o burka. La manifestación contra las detenciones fue dispersada con disparos, dejando al menos dos muertos y más de veinte heridos, según la ONU.

Al menos dos personas, entre ellas un niño, murieron el martes en la ciudad afgana de Herat cuando fuerzas de seguridad del Talibán abrieron fuego contra una manifestación que protestaba por la detención de mujeres acusadas de violar el estricto código de vestimenta impuesto por el régimen. Según testigos presenciales citados por medios internacionales, los agentes dispararon contra una multitud de entre 100 y 150 personas —hombres, mujeres y niños— que se habían congregado en el distrito de Injil para exigir la liberación de las detenidas. La represión dejó además más de veinte heridos, algunos de ellos golpeados por los propios policías.
La ola de arrestos comenzó el fin de semana, cuando la policía de la moral (Amr bil Maroof) de Herat detuvo a al menos 30 mujeres por no llevar el chador o la burka, las prendas que cubren completamente el cuerpo y el rostro. La agencia ONU Mujeres confirmó que muchas de ellas fueron posteriormente liberadas, pero subrayó que las detenciones han 'aumentado el miedo y la aprensión entre mujeres y niñas en todo Afganistán'. Desde la óptica de Oriente Medio, medios en lengua persa y árabe destacan que esta acción se enmarca en una escalada represiva de la policía de la moral, que ha intensificado los controles callejeros desde que el Talibán retomó el poder en 2021.
La manifestación del martes fue una respuesta espontánea de la comunidad local, que incluyó a hombres desafiando la prohibición de facto de protestas. La ONU, a través de un grupo de expertos independientes del Consejo de Derechos Humanos, condenó enérgicamente la violencia y recordó que el uso de fuerza letal contra manifestantes pacíficos constituye una grave violación del derecho internacional. Desde América Latina, la cobertura puso énfasis en el papel de los organismos multilaterales y en la necesidad de que la comunidad internacional no normalice la discriminación institucionalizada contra las mujeres afganas.
El episodio de Herat se produce en un contexto de creciente aislamiento internacional del Emirato Islámico, cuyas políticas de segregación de género han sido calificadas por expertos de la ONU como 'apartheid de género'. Analistas en la región Asia-Pacífico advierten que la represión de esta protesta podría disuadir futuras muestras de resistencia civil, consolidando un clima de terror que silencia cualquier disidencia. Mientras tanto, la comunidad internacional enfrenta el dilema de cómo ejercer presión sin agravar la crisis humanitaria que afecta a millones de afganos. La liberación de algunas detenidas no atenúa la señal enviada: el Talibán está dispuesto a usar la fuerza letal para imponer su visión teocrática, incluso contra quienes se atreven a protestar.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
Continental European coverage blends two narratives: the secret, daring rescue operation of Afghan women cyclists from Taliban rule, and the strong UN condemnation of the recent violent crackdown on women's protests in Herat. The rescue is portrayed as an incredible feat, while the crackdown is framed as a serious human rights violation.
The Atlantic press highlights the deadly consequences of Taliban dress code enforcement, reporting two deaths during protests against the arrest of dozens of women. The tone is urgent and accusatory, emphasizing the violence and UN criticism.
Gulf Arab media report the arrests of 30 women for violating hijab rules, focusing on the fear and anxiety this has caused among Afghan women. The coverage is factual but conveys the gravity of the situation, citing UN Women's statements.
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