Encuentros con el mar: del tiburón duende vivo a las ballenas enredadas, un planeta en tensión
Desde el primer avistamiento de un tiburón duende en su hábitat hasta la lucha por salvar ballenas y delfines, la relación entre humanos y océanos revela maravillas y conflictos.

La exploración de las profundidades oceánicas acaba de regalar una imagen que la ciencia consideraba casi imposible: un tiburón duende vivo en su entorno natural, a miles de metros bajo la superficie, donde la oscuridad es absoluta. El biólogo marino Alan Jamieson, que había perdido la esperanza de observarlo fuera de las capturas accidentales de los pescadores, logró filmarlo hace dos años en la fosa de Tonga, el segundo punto más profundo del planeta. “Es uno de esos animales carismáticos de las profundidades que nunca pensé que veríamos con vida”, confesó Jamieson, cuyo asombro se multiplicó al saber que colegas en Hawái también habían conseguido avistarlo. El hallazgo, revelado ahora, redefine lo que sabemos sobre estos escualos fantasmales y subraya cuánto queda por descubrir en la última frontera terrestre.
Ese mismo mar, sin embargo, es escenario de una presión humana creciente que se cobra víctimas entre las especies más emblemáticas. En el golfo de San Lorenzo, una joven ballena franca del Atlántico Norte —una población que no llega a los 400 ejemplares— fue avistada por segunda vez en una semana enredada en artes de pesca; los oficiales canadienses intentaron sin éxito colocarle un localizador satelital debido al mal tiempo. Más al este, en la costa de Terranova, el cadáver de una ballena jorobada de unos doce metros apareció envuelto en cabos, y las autoridades locales debaten si remolcarlo, hundirlo o trocearlo para llevarlo a un vertedero. En el hemisferio sur, la muerte de cuatro delfines en pocos días en el estuario del río Port, cerca de Adelaida, incluido un ejemplar muy conocido apodado Zoom, ha encendido las alarmas y obliga a realizar necropsias para determinar las causas. Desde la óptica de analistas en Sídney, estos episodios revelan una interacción cada vez más letal entre la fauna marina y las actividades costeras.
La mirada al pasado aporta una perspectiva tan asombrosa como reveladora. En Alaska, cazadores inuit encontraron en 2007 fragmentos de un arpón explosivo del siglo XIX incrustados en una ballena de Groenlandia recién capturada, lo que permitió datar al animal en unos 115 años y confirmar que esta especie puede superar los dos siglos de vida, la longevidad más extrema entre los mamíferos. Ocho décadas y media antes de ese arpón, un reptil marino de quince pies dominaba los mares del Cretácico: un niño de once años en Kansas desenterró sus huesos durante una excursión educativa, un fósil de tylosaurio que ha cambiado su vida y lo ha encaminado hacia la paleontología. Ambos hallazgos, separados por millones de años, conectan la curiosidad humana con la memoria biológica del planeta.
Esa conexión adopta también formas íntimas y, a veces, dolorosas. Una mujer de la Isla del Príncipe Eduardo con ELA verá cumplido su sueño de contemplar los icebergs frente a Terranova gracias a una autocaravana adaptada que su familia encontró tras una búsqueda desesperada. En cambio, en una playa de Cornualles, la policía busca a un hombre que presuntamente golpeó a una gaviota hasta dejarla en estado de shock después de que el ave se abalanzara sobre su comida, un episodio que reabre el debate sobre la convivencia con la fauna urbana. Mientras, la tecnología forense resolvió un enigma de dos décadas en el estado de Washington: los restos óseos hallados en un saco de dormir en un parque nacional pertenecían a Joseph Louis Serrao Jr., identificado gracias a la genealogía genética, aunque las circunstancias de su muerte siguen sin esclarecerse. Así, desde las fosas abisales hasta los hielos del Atlántico norte, la ciencia, la empatía y el conflicto dibujan un mapa complejo de nuestra relación con el mundo natural.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
The Atlantic bloc covers a range of marine stories with a factual, sometimes concerned tone about human impact, but maintains a detached, descriptive approach. News ranges from scientific discoveries to environmental incidents without excessive emotional emphasis.
The Indian bloc highlights the grandeur of deep-sea discoveries and inspirational stories of young fossil hunters, celebrating scientific achievements with a triumphal tone but also a hint of skepticism toward overly enthusiastic narratives.
The Latin American bloc presents a historical perspective on whale longevity, focusing on the animal's age and the 19th-century weapon embedded in its body, with a detached and pragmatic approach.
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