El vacío en las gradas de Guadalajara empaña el arranque del Mundial 2026
Miles de asientos vacíos en el Corea del Sur-República Checa reavivan la polémica por los precios de las entradas y la estrategia de la FIFA, pese a una asistencia oficial casi completa.

La segunda jornada del Mundial 2026 dejó una imagen que contrasta con el lleno absoluto del partido inaugural en el Estadio Azteca: miles de butacas rojas vacías en el Akron de Guadalajara durante el vibrante triunfo de Corea del Sur sobre la República Checa. La FIFA anunció una asistencia de 44.985 espectadores, el 98,5 % del aforo, pero las fotografías y transmisiones televisivas mostraron franjas enteras desocupadas, sobre todo en las zonas VIP y de hospitalidad. El organismo defendió sus cifras asegurando que algunos aficionados con entrada optaron por seguir el encuentro de pie en los concursos, una explicación que no disipó las dudas sobre la veracidad del “sold out” proclamado.
La controversia tiene raíces profundas. El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, había comparado la relevancia del torneo con las Finales de la NBA para justificar un sistema de precios dinámicos que elevó las entradas a niveles sin precedentes: abonos de cinco cifras y localidades para la final que alcanzaron los 5.785 dólares. A pocos días del inicio, 180.000 boletos seguían sin venderse. Desde Nueva York y Nueva Jersey, políticos locales abrieron una investigación formal por la falta de transparencia en la comercialización, mientras que en Guadalajara los propios aficionados atribuyeron los huecos a tarifas prohibitivas y a las dificultades para obtener visados, especialmente para seguidores de selecciones sin una gran diáspora en Norteamérica.
Las miradas desde distintas regiones revelan matices complementarios. Analistas en Ciudad de México advierten que el formato de 48 equipos y tres países anfitriones multiplica los partidos entre selecciones de menor arrastre, lo que podría repetir la estampa de gradas semivacías en la fase de grupos. La prensa europea, particularmente en Italia y España, subraya la paradoja de un evento que se promociona como planetario pero excluye a las rentas medias. Medios asiáticos e indonesios destacan que, pese al entusiasmo de la hinchada coreana presente, los costos de viaje y alojamiento desalentaron a muchos. Desde la óptica de Oriente Medio, se ironiza con que la FIFA “miente o se maquilla” al presentar cifras de ocupación que no resisten el contraste visual.
El episodio de Guadalajara no es una anécdota aislada: pone a prueba la viabilidad del modelo de negocio de la FIFA para un Mundial expandido. Con 104 partidos por delante, la combinación de precios de élite, trabas burocráticas y una oferta deportiva diluida amenaza con vaciar estadios en encuentros menos mediáticos. La defensa oficial basada en el conteo de torniquetes y no en la ocupación visible de los asientos revela una brecha entre la narrativa institucional y la experiencia del espectador global, una tensión que acompañará al torneo hasta su desenlace.
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