Siria, entre el narcotráfico y la utopía fiscal: el desafío de un nuevo contrato social
Las políticas israelíes favorecen las redes de captagón en el sur, mientras comerciantes sueñan con cero impuestos. La herencia autoritaria y la desconfianza fiscal resuenan también en Europa.

La incursión militar y política de Israel en el sur de Siria, intensificada tras el colapso del régimen de Bashar al-Asad, ha creado una paradoja de consecuencias inquietantes. Según advierten analistas desde París, el respaldo israelí a ciertas dinámicas separatistas en la provincia de Sueida ha erosionado la capacidad estatal, convirtiendo ese territorio en un santuario para las redes internacionales de captagón. Mientras Damasco y Ammán se esfuerzan por restaurar la estabilidad y combatir el crimen organizado, las acciones selectivas de Tel Aviv perpetúan la fragmentación y abren espacios para economías ilícitas que desbordan la región.
No obstante, la descomposición del país tiene raíces más hondas que la coyuntura reciente. Durante medio siglo, la dictadura baazista moldeó una sociedad marcada por la desconfianza y la simulación. Pensadores del mundo árabe subrayan que el régimen no solo devastó la infraestructura y la economía, sino que transformó la propia subjetividad del ciudadano: durante décadas, la supervivencia exigió aparentar lealtad sin creer en el sistema. Cualquier proyecto de reconstrucción deberá desmontar esa herencia de «ciudadanía fingida» para erigir un auténtico pacto social.
En el plano económico, la fragilidad institucional da pie a propuestas que oscilan entre el voluntarismo y la quimera. Una idea que gana adeptos entre grupos de comerciantes damascenos postula un modelo tributario de «cero impuestos», justificado en la vasta riqueza mineral y energética del subsuelo sirio. Analistas económicos próximos a Beirut advierten que, pese a su atractivo retórico, este planteamiento ignora la realidad: la extracción de esos recursos exige inversiones colosales y una seguridad que hoy es inexistente, sin contar con que la historia demuestra que las economías rentistas sin fiscalidad inclusiva difícilmente generan desarrollo equitativo o instituciones sólidas.
Sorprendentemente, los dilemas en torno a la fiscalidad y la confianza ciudadana no son ajenos al otro extremo del Mediterráneo. Voces desde Roma alertan sobre el deterioro del pacto fiscal en Italia, una democracia consolidada donde el debate público se ha contaminado de eslóganes que equiparan los impuestos a un «atraco» estatal y donde gravar grandes patrimonios sigue siendo un tabú político. Esta deriva, coinciden expertos europeos, debilita la capacidad del Estado para financiar servicios públicos y alimenta un círculo vicioso de desapego cívico similar, en su esencia, al que padecen sociedades que emergen del autoritarismo.
El caso sirio, por tanto, no es una anomalía aislada, sino la manifestación extrema de una crisis global de legitimidad y de los contratos que unen a gobernantes y gobernados. La seguridad, la reconstrucción económica y la restauración del tejido social exigirán algo más que planes sobre el papel: un debate honesto que, también en latitudes aparentemente estables, parece cada vez más esquivo.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
La intervención militar y política israelí en el sur de Siria ha generado un vacío de seguridad que protege las redes del captagon. Mientras Damasco y Ammán luchan por la estabilidad, el respaldo israelí a impulsos separatistas en la gobernación de al‑Suwayda alimenta el caos y da refugio a los narcotraficantes.
El intervencionismo israelí en el sur de Siria termina protegiendo el último bastión de los narcotraficantes, obligando a Jordania a lanzar ataques aéreos para frenar el flujo de captagon. Emerge una convergencia paradójica entre seguridad declarada y desestabilización real, en la que los narcos prosperan.
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