Kurti vuelve a ganar en Kosovo pero sin mayoría absoluta
El partido gobernante obtiene el 43% de los votos en los terceros comicios en 18 meses; la baja participación y la parálisis institucional auguran complejas negociaciones.

El primer ministro de Kosovo, Albin Kurti, ha logrado una nueva victoria electoral, pero su partido, el Movimiento Vetëvendosje (Autodeterminación), ha perdido la mayoría absoluta en las terceras elecciones parlamentarias celebradas en apenas 18 meses. Con casi el 100% de los votos escrutados, la formación obtuvo alrededor del 43,2% de los sufragios, un marcado descenso respecto al 51% conseguido en diciembre de 2025. La fragmentación del voto y la abstención —solo uno de cada tres electores acudió a las urnas— reflejan el agotamiento de una ciudadanía sumida en un bloqueo institucional que parece no tener fin.
La crisis política se remonta a principios de 2025, cuando Kurti ganó los comicios de febrero pero fracasó en la formación de gobierno, lo que llevó a una convocatoria anticipada en diciembre. El nuevo Legislativo tampoco logró desatascar la situación, en particular la elección de un nuevo jefe de Estado, requisito constitucional que ha quedado relegado ante la falta de consensos. Ahora, aunque Vetëvendosje se mantiene como la fuerza más votada, necesitará forjar alianzas con otros partidos, una tarea que se anticipa difícil dada la fragmentación del arco parlamentario y las profundas diferencias con la oposición.
Desde la óptica de Bruselas, la parálisis crónica de Kosovo supone un obstáculo mayor para sus aspiraciones de integración europea, en un momento en que la Unión Europea busca relanzar su política de ampliación y contrarrestar la influencia de Rusia y China en los Balcanes. La incapacidad de Pristina para consolidar instituciones estables y avanzar en el diálogo con Belgrado, bajo la mediación de la UE, genera creciente frustración en las capitales comunitarias. Analistas españoles señalan que esta inestabilidad perjudica también la credibilidad del proceso de ampliación, mientras que en América Latina, acostumbrada a crisis de gobernabilidad, el caso kosovar se observa como un ejemplo de cómo la fragmentación puede perpetuar el estancamiento.
De cara al futuro, el escenario es incierto. Aunque los tres principales partidos opositores podrían unirse para formar una alternativa a Kurti, sus divergencias programáticas dificultan un acercamiento inmediato. Todo apunta a largas negociaciones que podrían desembocar en un nuevo fracaso, repitiendo el ciclo de inestabilidad. El tiempo corre en contra de Kosovo: sin un gobierno funcional, las reformas exigidas por la UE y el necesario acercamiento con Serbia seguirán en el limbo, profundizando el desencanto popular y la sensación de que el país más joven de Europa está atrapado en una espiral de autoconsumo político.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
El partido gobernante gana la tercera elección en 18 meses, pero pierde ocho puntos porcentuales y se queda sin mayoría. La parálisis institucional y la abstención creciente alimentan el escepticismo europeo sobre la capacidad de Kosovo para salir de la crisis política.
El primer ministro gana su tercera votación consecutiva, pero el estancamiento político frena el avance en las relaciones con Serbia y el acceso a más ayuda europea. La baja participación refleja un electorado hastiado de la repetición electoral.
El repetido ciclo electoral sin mayoría estable alarma a los aliados occidentales, que temen por los esfuerzos para normalizar los lazos con Belgrado y la seguridad regional. Con la guerra de Ucrania elevando la importancia estratégica de los Balcanes, Bruselas y Washington estudian nuevas presiones para superar la parálisis.
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